Unas 250 mil mujeres viven del trabajo sexual en el país

Doris Pantaleón

Santo Domingo

https://images2.listindiario.com/imagen/2019/03/12/557/557059/294x440/201903120550131/unas-250-mil-mujeres-viven-del-trabajo-sexual-en-el-pais.jpegRepública Dominicana se encuentra dentro de los primeros países en exportar trabajadoras sexuales con más de 100,000 de ellas ubicadas en diferentes naciones, pero además acoge en su territorio a unas 6,000 extranjeras que ejercen el sexo en áreas turísticas, en negocios cautivos, en calles de alta concurrencia, en centros de “masajes” y en lugares de diversión.

De las trabajadoras sexuales extranjeras instaladas en el país, unas 3,000 son venezolanas, cerca de 2,000 haitianas y el resto son de otras nacionalidades, como colombianas y algunas rusas, que comparten el mercado con las criollas que se dedican a ese oficio que sobrepasan las 250,000 a escala nacional.

Las investigaciones realizadas por el Centro de Orientación e Investigación Integral (COIN) permiten a sus directivos asegurar que entre las diferentes modalidades de trabajo sexual en el país hay cerca de 500,000 mujeres que se ganan el sustento a través del oficio sexual. Esto lo sustentan en el hecho de que además de las conocidas trabajadoras sexuales tradicionales, se suman otras modalidades de ejercer el oficio denominadas popularmente como “chapiadoritas”, “chapiadoras” y las del “sexo virtual”, que podrían alcanzar las 200,000, donde entran incluso menores de edad.

Lugares preferidos
Las zonas turísticas de preferencia para esa labor son Cabarete, Boca Chica y Sosúa, así como algunos lugares de Punta Cana y Las Terrenas. Allí están de las diferentes nacionalidades, pero las que más frecuentan son dominicanas y haitianas, así como algunos hombres. En la ciudad, además de lugares cautivos y centros de diversión, hay zonas específicas como la avenida Duarte, el Malecón, la avenida España y las zonas de playas.

En las islas del caribe las dominicanas que ejercen en el extranjero están ubicadas en Antigua, donde hay unas 16,000 dominicanas ejerciendo el trabajo sexual; en Guadalupe, donde hay unas 10,000 dominicanas; en Dominica, unas 900 dominicanas; en Haití, unas 500 que van y vuelven al país de manera rutinaria; en Curazao superan las 1,000 dominicanas. El resto están en grandes países como Italia, Suiza, Alemania y España, entre otras naciones.

La emigración, de acuerdo al organismo que trabaja con este grupo de población, se da en dos modalidades, una que es a través de redes organizadas que las llevan a esos países con contratos de bailarinas, así como a través de redes informales familiares. Contrario a como ocurría en años anteriores, en la actualidad más del 90% de las que van a ejercer el trabajo sexual saben que harán ese trabajo, no van engañadas.

Los datos y detalles de la realidad en que se desenvuelve el trabajado sexual en el país y el extrajero fueron aportados a LISTÍN DIARIO por el director del COIN, el sociólogo Santo Rosario, quien desde hace 30 años realiza investigaciones sobre el tema.

Las mujeres no ejercen el oficio o se van a esas labores porque les gusta ese trabajo, asegura el investigador Ramírez, sino porque en el país hay problemas de exclusión social, de desempleo y bajos salarios. “Algunas han sido víctimas de violencia intrafamiliar, tenían empleo de trabajo doméstico y en zonas francas con salarios muy deprimidos que no les permitían mantener a sus hijos”, añadió.

El trabajo sexual es hijo de las inequidades sociales

DR. VÍCTOR TERRERO

https://images2.listindiario.com/imagen/2019/03/12/557/557065/294x440/201903120555271/el-trabajo-sexual-es-hijo-de-las-inequidades-sociales.jpegPor los volúmenes que va alcanzando y por sus características, el trabajo sexual es un serio motivo de preocupación para las autoridades y la sociedad civil.

El trabajo sexual es hijo de la necesidad y tiende a sacar a flote los desajustes de la sociedad, tanto en lo económico como en lo social.

Si se toman en cuenta que las viejas modalidades del trabajo sexual se han unido a nuevas y muy variadas formas, que tocan a casi todos los sectores de la sociedad, hay que concluir en que estamos ante una problemática de alta complejidad, que debe ser abordada con políticas claras, justas, precisas e incluyentes.

A la hora de hablar del trabajo sexual hay que reflexionar sobre los riesgos que esa actividad presenta para la salud, y especialmente en lo que tiene que ver con la salud sexual y reproductiva, y con el VIH. Crear puentes de acceso a la educación, a la salud, al empleo, y abrir nuevas posibilidades para reducir las brechas existentes, es el gran reto de este tiempo. Abordar el trabajo sexual debe estar en la agenda de prioridades de todas las instancias que luchan cada día por mejorar la condición de los dominicanos. Fue la sociedad, con sus desequilibrios y sus desigualdades, la que echó a la orilla a grupos importantes de la población y los hizo vulnerables. Mientras crece y se diversifica, la vida moderna va dejando vacíos, que están llenos de sueños truncados, de marginación, de estigma, de discriminación, y allí donde el trabajo sexual, desafortunadamente, tiene un triste caldo de cultivo.

Es necesario recordar que, además de mujeres, el trabajo sexual ha ido en aumento en hombres gays y personas trans, una población que está aportando la mayor parte de las nuevas infecciones por VIH. Uno de nuestros más perentorios desafíos de cara a esas poblaciones es que el Estado adopte políticas públicas en su beneficio, que entre otras cosas incluya la instalación de casas de acogida para las personas en riesgo, que construyan puentes de dignidad, creen oportunidades de empleo y faciliten su acceso a la salud y educación, entre otras acciones. Esas políticas deben tener como centro la dignidad de las personas y el reconocimiento de sus derechos.

“Cuando tu hijo tiene hambre a uno no le importa que hablen”

Doris Pantaleón
Santo Domingo

https://images2.listindiario.com/imagen/2019/03/12/557/557063/680x460/201903120553461/cuando-tu-hijo-tiene-hambre-a-uno-no-le-importa-que-hablen.jpegUno de los bancos de cemento ubicados en la Avenida España es su oficina. Allí Jessica, de 16 años, llega temprano cada mañana, se descubre bien el cuerpo, exhibe ropa ajustada y colorina, y se sienta con estilo algo “coqueto” a esperar a sus “clientes”, algunos de ellos ya fijos.

Jessica nunca conoció a su padre, por lo que la muerte de su madre y el llegar a vivir con una tía marcó su destino. Antes de los 14 años ya sentía que estorbaba, por lo que quiso labrar su propio destino, empezó saliendo con un muchacho, se embarazó y su vida se complicó más.

Foto: Elayne y Jessica, cuentan sus experiencias a la periodista Doris Pantaleón.

Su corta edad no le impide hablar con sorprendente madurez y conocimiento de las implicaciones de ejercer el trabajo sexual, oficio al que se dedica desde los 14 años, con el cual mantiene a su hijo de poco más de un año.

Una amiga le hizo ver que el dinero no le llegaría sentada en la casa, así que dejó los estudios en octavo grado, y salió junto a ella a la calle. Al principio sentía pánico y aunque confiesa que no le gusta el trabajo y que quisiera dejarlo, ahora encuentra en él la manera de mantenerse ella y a su hijo, a quien, enfatiza, no le hace falta nada actualmente.

“Cuando tu hijo grita por hambre a uno no le importa que la gente hable, por eso cuando tuve el niño empecé a ponerme rápida y a desesperarme, porque se enfermaba mucho y tenía que cambiarle la leche a cada rato y eran caras, además quiero darle una vida mejor que la mía”, dice.

Los clientes
Hay clientes fijos que buscan sus servicios cuando van o salen del trabajo. Los más asiduos en esa zona son hombres casados, entre los 50 y 60 años. Algunos la prefieren mientras más jóvenes mejor. “Mire yo tengo clientes que me dicen que lleve niñas de 11 y 12 años conmigo para irnos juntos, que ellos solamente las van a tocar, pero yo no hago eso”, asegura Jessica, quien sabe que esa no es la mejor vida para una mujer.

Vive en Los Alcarrizos, en Santo Domingo Oeste, y casi siempre concluye el trabajo después de la una o dos de la tarde, cuando cuenta con 3,000 o 4,000 pesos, lo cual reúne con tres y cuatro clientes, cuyo tiempo, costo y condiciones están bien definidos. El pago depende del tiempo que se le dedica, algunos pagan 500, 700 y 800 pesos y a veces le regalan algo más, y deben retornarla al lugar donde la recogen o de lo contrario darle el dinero de volver en taxi. Nunca tiene relaciones sin el uso de preservativo. Los que son figuras conocidas no se desmontan del vehículo, la recogen y se van, les da vergüenza que los vean, dice.

Cifras
US$100
Casas de citas.
Las tarifas que mueven el trabajo sexual son variadas. En las casas de citas entre 100 y 150 dólares, dependiendo de su ubicación.

$3,000
Centros de diversión.
Hay centros donde ese servicio cuesta sobre los 3,000 pesos. Otros donde se paga 2,000 pesos (1,500 a la mujer y 500 a quien la maneja).

$300
Duarte y Malecón.
En la Avenida Duarte se negocia entre 300 y 500 pesos y en la zona del Malecón depende del tipo de cliente se paga sobre los 1,000 pesos

$1,000
Los transexuales
En caso de trans su tarifa es de 1,000 pesos en adelante, sus clientes son mayormente de clase media y media alta.