Destino
Ciudad Colonial: En una acera: Museo Fdo. Peña Defilló, al frente: iglesia Regina Angelorum

Carmenchu Brusíloff
Santo Domingo

https://images2.listindiario.com/imagen/2018/09/05/532/531749/294x440/201809050058451/ciudad-colonial-en-una-acera-museo-fdo-pena-defillo-al-frente-iglesia-regina-angelorum.jpegA las 11:00 de la mañana de un día de semana, en una camioneta cerrada llego hasta la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Mi propósito: visitar el Museo Fernando Peña Defilló, en la calle Padre Billini esquina José Reyes. Tenemos suerte. Hay un estacionamiento libre. Pese a la hora, el arquitecto Alex Martínez me abre sus puertas. (El horario al público es de miércoles a domingo, entre 2:00 y 7:00 p.m.).

https://images2.listindiario.com/n/content/532/531749/p/680x460/201809050058452.pngMi primera reacción es recorrer sus salas, sin detenerme. Son espacios arquitectónicos de la época colonial: gruesos muros, techos con vigas de madera al descubierto, patios interiores que reflejan la claridad solar y dan entrada a la naturaleza. Dirijo la mirada al suelo: unos cuantos mosaicos salvados de principios del siglo XX. La mayoría son reproducciones. Hacia un lado, los poyos junto a las ventanas. Incitan a sentarse para ver el paso de los viandantes o contemplar, al atardecer, cómo caen las luces y sombras sobre los muros de la iglesia Regina Angelorum, templo que le queda al frente, por la Padre Billini. Sirven también para descansar tras contemplar obras de arte que dejó para la historia Fernando Peña Defilló, cuyo ‘Autorretrato del rayo’ (óleo sobre tela, 1997) da la bienvenida a la entrada. Al mirarlo me parece tener a Fernando frente a frente.

Hacia un extremo preside el salón Celebración de la naturaleza III (mixta sobre tela, 1988). Forma parte de la exposición permanente de este maestro de la pintura dominicana. Hay otras áreas destinadas a exposiciones temporales. Hasta el 14 de octubre, por ejemplo, cuelgan de las paredes fotografías de la autoría de Karoline Becker y Elianne Mena, reflejando danzas, colores, movimientoÖ Son del reciente espectáculo ‘Defilló’, de Marianela Boán, con coreografía basada en obras del pintor, las cuales aquí se muestran.

No todo en el Museo es arte, per se. La calidez del ser humano también se perfila en un agradable montaje de ambiente doméstico. En él, piezas pertenecientes a Fernando Peña Defilló o a su familia conforman una sala sobria pero acogedora. Sentada en una butaca echo un vistazo en derredor: el piano de su madre, la biblioteca del pintor, una mesa procedente de una casa familiar, una reproducción en yeso de la escultura Victoria de Samotracia, regalada por el historiador y ensayista Américo Lugo al padre del pintor, el historiador, abogado, ideólogo y diplomático Manuel Arturo Peña Batlle, a quien pertenecieron además un par de reproducciones prototipo de los mojones en 1929. Otras valiosas piezas completan este ecléctico entorno que muestra, en cierta medida, el estilo de vida de Peña Defilló, un genio de la pintura dominicana, defensor de su privacidad y amante de la soledad, en cuya residencia conjugaba el romanticismo europeo, la magia y fuerza de la naturaleza dominicana y el arte moderno.

Dejando atrás los recuerdos emotivos, enfoco mi interés en el recoleto patio interior desde donde asciende una escalera hacia el segundo piso. Aquí sólo hay elementos utilitarios y abundancia de plantas, con un paisaje urbano desde donde veo asomar la torre campanario de la iglesia Regina Angelorum (del siglo XVI, aunque reconstruida en el siglo XVIII). En su interior está enterrado el Padre Billini. La fachada de carácter semimilitar tiene un nicho vacío que, según cuenta la leyenda, alojó a un santo de piedra. Dicen que durante la invasión haitiana, un soldado quiso apoyarse en la escultura intentando alcanzar la miel del panal situado detrás del santo.

Parte de la historiaLa estatua no soportó el peso, cayó al piso y mató al soldado. (Entre 1821 y 1844 el templo fue cuartel de las tropas haitianas). Leyenda o realidad, no importa. Todo es parte de la historia y del misterio que ofrecen muchos edificios y casas de la época. Casas que cobran nueva vida convertidas en hoteles boutiques, cafeterías, tiendasÖo museos, como el de Fernando Peña Defilló, instalado en dos casas coloniales que, para tal fin, fueron restauradas y conectadas.