Tigueraje vs. miopía
Por: German Marte Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
https://i2.wp.com/eldia.com.do/wp-content/uploads/2013/10/German-MARTE.jpg?resize=150%2C150Estoy con la Marcha Verde porque considero que este movimiento encarna la genuina aspiración de la parte más sana de la sociedad, que harta de la corrupción reclama el cese de la impunidad.

Sin embargo, pienso que igual que en el expediente de la Procuraduría, ahí falta gente, pues la mayoría de los manifestantes son clase media, profesionales, miembros de ONG, estudiantes, opositores y religiosos.

Para empezar, deberían estar ahí los millones de pobres y empobrecidos a consecuencia de la corrupción.

Ahí deberían estar en primera fila los empresarios dominicanos que no tengan ninguna relación con los sobornos, las sobrevaluaciones de obras que tan caras le salieron a este pueblo.

En lugar de monjitas o dirigentes de la sociedad civil, al frente de la Marcha Verde deberían ir el Codia, cuyos miembros son los más afectados con la competencia desleal de Odebrecht, que mediante sobornos y otras artimañas los sacaba de competencia.

Si tuvieran consciencia y valor, al frente de la marcha irían las constructoras locales que fueron afectadas por Odebrecht y sus cómplices del gobierno que actuaban desde el ministerio de Obras Públicas, el Congreso y el Palacio Nacional.

En lugar de una ligera carpa del Falpo frente a la Procuraduría, debieron instalarse las enormes grúas de las constructoras criollas, los petibones, las hormigoneras, los fabricantes e importadores de materiales de construcción afectados por Odebrecht, y seguro que hubieran sido brutalmente reprimidos por la Policía.

Sí, lo que propongo es una especie de rebelión de las élites y de los más pobres, porque ambos sectores de la sociedad han sido y son afectados por los corruptos.

También deberían estar los militantes y simpatizantes perremeístas y peledeístas serios, que son mayoría, pero que son pisoteados y usados por una cúpula corrompida más allá de lo que se pueda demostrar en un tribunal.

En mi opinión, en el caso Odebrecht se dio el triunfo de unos tígueres con corbatas sobre una burguesía criolla miope, que prefiere mantenerse alejada “por si un día me toca a mí”.

Como si lo anterior no fuera suficiente, figuras tan influyentes como Leonel Fernández asumen la corrupción como algo “intrínseco” a la vida pública en el país, algo a lo que -de tan viejo- ya deberíamos estar acostumbrados.

Pero no, señor Fernández, la corrupción es un cáncer y la mayoría de los dominicanos somos víctima de ese mal del que solo se benefician unos cuantos, incluidos “líderes” en quienes los votantes depositaron su confianza, como pasó antes y durante los períodos en que usted ocupó la Presidencia, y sigue hoy día.

Ya basta de farsantes, demagogos y corruptos dirigiendo este país.

Es hora de imponer castigos ejemplares a los ladrones con corbatas.