Batalla de las Carreras.

Una mirada previa al acontecimiento y su vitalidad histórica.

http://sabanabuey.typepad.com/.a/6a00e5546d5109883401a73df12d05970d-piDespués de Boyer, Haití había pasado por un periodo interno agitadísimo, hechos de armas, revoluciones, muchos trastornos políticos, y que según historiadores haitianos ¨le habían costado la perdida de las provincias del Este¨.

Los sucesivos levantamientos en el sur de Haití, y de los generales negros en el Norte llevaron a los líderes políticos mulatos que dominaban el Senado haitiano y el gabinete de Riché a la conclusión de que la Presidencia debía ser ejercida por otro general negro, como lo habían sido los tres últimos gobernantes.

El consenso entre ellos fue elegir al Jefe de la Guardia, Faustin Soulouque, de avanzada edad, analfabeto, poco conversador, quien tenía fama de poseer una escasa inteligencia y de haber hecho una ascendente carrera militar como oficial obediente.

El 1 de marzo del 1847, Faustin Soulouque escaló la presidencia de Haití y logró al principio un cierto reposo en el interior, orden en sus calles y se le conocía para entonces, como ¨ le bon homme¨, buen hombre. Con él, llegaron cambios en política exterior, acercamientos con las potencias extranjeras y pretensiones de variar beneficiosamente las finanzas de aquella nación.

Beaubrum Ardouin, senador y alto acreditado por Haití para gestiones diplomáticas, no oculto su orgullo el 21 de diciembre del 1847 ante su superior jerárquico Alexis Dupuy. ¨ La Republica de Haití es tratada con las mismas distinciones que todos los Estados soberanos; ella ha logrado el objeto por el cual ha hecho esfuerzos heroicos.., puede orientar ahora todas sus energías hacia su fortalecimiento¨. Un propósito de política exterior lo era reincorporar la parte oriental de la isla a Haití.

Pero Soulouque no resultó el reformista y liberal que todos pensaban, por lo que nueva vez reaparecieron protestas y las ¨represiones implacables alcanzaron la capital, puerto príncipe¨. ¨Matanzas que terminaron solo por falta de victimas¨.

Tristes eran las luchas internas haitianas, pero tales circunstancias favorecían a los dominicanos, pues los habitantes de la parte oriental de la isla podían respirar tranquilos y aun con sus particulares conflictos políticos, se trabajaba para organizar el país.

Desde el año de 1846, los dominicanos buscaron la adhesión francesa a la consagración diplomática de un Estado de hecho existente desde el 1844, pero lo negó la monarquía de Luis Felipe, expresando que era signataria de los tratados del 1838 que ¨operaban para toda la isla¨ y que por tanto, estaban subordinados al ¨gabinete de puerto príncipe¨.

Pero en 1848, los dominicanos insistieron sobre el reconocimiento ante Francia y Alphonse de Lamartine, ya en la cartera de Relaciones Exteriores Francesa, opinó al respecto; ¨ el principio de paz y libertad ha nacido en Francia y no puede oponerse en el porvenir a las tentativas de emancipación de los pueblos¨. Entonces, el de Exterior Haitiano, Ardouin, trato bien de conciliarse las simpatías de Francia, señalando que Haití era ¨ Hija mayor de la primera Revolución francesa¨ y Francia ¨no podía ser indiferente al pueblo del cual tiene su lengua, sus costumbres, su legislación y hasta ese amor por la libertad que ella ha mamado, por decirlo así, del seno de Francia¨.

Sin embargo, los delegados dominicanos, Buenaventura Báez, J.E. Aybar y P.A. Bobea, aseguraron un brillante desquite sobre las teorías de los tratados de Francia con Haití del 1838 y remarcaron que el ¨gabinete haitiano¨ solo obstaculizaban la verdadera paz y el provechoso comercio, por lo que el 22 de octubre del 1848 era firmado el tratado de paz, amistad y navegación entre Republica Dominicana y Francia, destinado al mismo tiempo para declarar el reconocimiento formal. La Republica Dominicana era admitida por Francia en el rango de Nación libre, independiente y soberana.

Sin retardo la diplomacia haitiana se puso en movimiento y expuso en varios escenarios y a diversos líderes franceses, las razones por las que Francia no debía coronar la separación dominicana. Quisieron hacer valer el instrumento que entre ellos firmaron en 1838 y el acuerdo de agosto del 1840, donde los franceses reconocieron que la isla entera era territorio haitiano, por lo que amenazaron de no cumplirle las convenciones financieras más recientes que les habían suscrito en mayo del 1847 y en febrero del 1848.

Ningún argumento tuvo la virtud de quebrantar la decisión de Francia de reconocer la independencia Dominicana, pues aun con evidentes condiciones adversas era ostensible la existencia de un Estado Dominicano.

Ante la decisión Francesa, los haitianos expresaron que ¨por la fuerza, Haití, restablecería su autoridad en la parte oriental de la isla¨.

Haití había perdido la partida diplomática. Las protestas, amenazas, habían sido vanas ante el Estado Francés. El gabinete de Puerto Príncipe quedaba obligado, bien a renunciar a su directiva constante de unificación territorial de la isla o librar la cuestión del Este al arbitraje de la fuerza. Haití tomo este último partido y se esforzó en contradecir la decisión de Francia. Lo que puede considerarse como el último empeño diplomático haitiano sobre tema, es datado en Paris, Francia, el 23 de Febrero del 1849, que resulto fallido como los anteriores.

Doce días después de tal fecha, el 6 de marzo de 1849, Faustin Soulouque dirige por Mirabalais hacia la frontera, un amplio ejército, mientras salen otras tropas del Norte bajo el mando del General Bobó.

El 19 de marzo del 1849, en las Matas, y luego de fuertes combates los dominicanos son derrotados. El 20 de marzo, el enemigo toma San Juan y obliga al General Duverge, retirarse hasta Azua. El 30 de marzo se produce un encuentro en el Yaque del Sur y casi inmolados, sólo 60 hombres hacen frente a una tropa numerosa, pero es obvio que no pueden detener a los haitianos y estos continúan avanzando sobre la República. Las batallas terminaban desastrosamente para los dominicanos.

Una marcha rápida, victoriosa, sobre la planicie de ¨Cajul¨, San Juan, hizo llegar a la hueste haitiana cerca de Azua. Así lo cuentan del lado haitiano ¨ el ejercito dominicano estaba pulverizado, la ruta hacia la capital estaba libre y los vecinos habían perdido la confianza en el talento militar de sus jefes¨. ¨El cónsul de Inglaterra en Santo Domingo, Sir Robert H. Schomburgk, fue despachado como parlamentario para llegar a Soulouque y fueron recibidas las noticias¨ para negociar.

El 5 de abril del 1849, Soulouque ataca Azua, sin embargo falla en su intento de tomarla, porque la tropa dominicana acantonada allí y bajo la arenga libertaria de Duverge, resiste victoriosamente el ataque. Dos días duran los combates y el 7 de abril el ejército dominicano debe retirarse de Azua. La Marina de Guerra Dominicana trata de salvaguardar la zona por mar, evitando que puedan arribar refuerzos desde Haití. El presidente Jiménez había ordenado a la flotilla nacional establecer un bloqueo desde el puerto de Azua hasta la Bahía de Ocoa.

El 17 de abril del 1849, nuevamente los Haitianos intentan atravesar las líneas, esta vez por el Numero y 300 fusileros dirigidos por el centinela de la Frontera, Antonio Duverge, detiene la movilización del ejército invasor hacía Baní.

Sin embargo y luego que la contienda se detiene, Soulouque decide intentar pasar por el camino de Sabana Buey y nueva vez, es impedido el paso.

No obstante, con la firme decisión de abrirse camino hasta la capital de la república, lanza el grueso de sus tropas con dirección al Río Ocoa. Así, en la llanura al pie de la montaña la Guardia o cerro del Cañón, conocido como el hato ganadero de las carreras a orillas del rio ocoa, el 20 de abril del 1849 las tropas haitianas apostan siete cañones y empiezan el fuego a las 4 de la tarde y el ejercito de Soulouque comienza bajar su artillería para quedar frente al rio.

Del lado dominicano, se detiene entonces la misión de Sir Robert H. Schomburgk, quien se encaminaba hacia las líneas haitianas para cumplir con la encomienda y los dominicanos le piden esperar hasta que se cumpliera el supremo esfuerzo militar.

Era la dura tierra del sur banilejo el nuevo escenario en que debía exponerse el heroísmo y lealtad a la patria. Allí, en un campo agreste, agrio, con un sol más brillante que los demás, debía permanecer ondeando el estandarte dominicano, curtido por los soles de la gloria.

Luego de dos días de lucha, el ejército dominicano toma por primera vez la iniciativa en el combate y procuran acercarse al campamento enemigo con el fin de hostilizar. El comandante Aniceto Martínez fue el primero en hostigar a los cañones emplazados por los haitianos en uno de los cerros, pero fueron los intrépidos banilejos Bruno Aquino y Bruno del Rosario quienes se acercaron con mayor precisión hacía el objetivo y de manera pertinaz, hasta hacer cesar los empeños de los usurpadores haitianos. Las tropas invasoras desisten de su idea de avanzar, comienzan nuevamente su desplazamiento hacía Azua y la mártir ciudad es incendiada.

La historia haitiana así lo cuenta ¨ Las tropas enemigas no llegaban a un cuarto de las nuestras. Nuestras fuerzas habían ya echado las dominicanas del otro lado del rio, cuyo lecho estaba seco, y nuestros tiradores escalaban con empuje la orilla opuesta, cuando la señal de retirada resonó lúgubremente¨…En la confusión, que se produjo, los enemigos hicieron una hecatombe de nuestras tropas en el lecho del mismo rio…¨ Soulouque, tomo de nuevo el camino de puerto príncipe, levantando a su paso las guarniciones colocadas en azua y San Juan. En las Matas, atribuyó en una pomposa proclama la derrota en Ocoa, a las conspiraciones que se formaban durante su ausencia¨.

La victoria de Ocoa tiene una importancia militar contundente en la luchas por la independencia, pero también muestra su vitalidad histórica frente a la política exterior, pues concedió seguridad y prestigio al naciente Estado Dominicano, restando crédito a las huestes haitianas que deseaban el dominio de toda la isla, considerada por ellos siempre ¨ única e indivisible¨.

En Batalla de las Carreras, quedo plantada nuevamente para los dominicanos la tienda de guerreros victoriosos, y es que cuando avanzaba orgulloso el usurpador, sobre el pavoroso campo de batalla, los nacionales dejaron ver el resplandor de sus armas ante el cielo de la gloria, dejando desvanecido el forcejeo del enemigo en su objetivo testarudo por cruzar hasta la capital.

Históricamente inmortal, en batalla de las carreras, se convertía el áspero suelo del sur Banilejo y el laurel obtenido inspiró en los dominicanos mayor confianza e hizo caldear la pasión por la libertad y la independencia, pues el triunfo había ratificado el merecido honor del reconocimiento como nación libre y soberana.

Las Carreras! Beller!... campos fueron.

Que cubiertos de gloria se ven.

Sócrates David Peña Cabral

Bani

Domingo de resurrección

8:51 pm

21 de abril del 2019