El hombre que agarró al toro por los cuernos.

Por: José Reyes

jose Reyes escritor fotoEn mi época de estudiante, tuve la buena suerte de tener maestros con vocación de servicio. Eran profesionales que se tomaban muy enserio el arte de educar, eran los tiempos cuando las escuelas públicas eran consideradas como nuestro segundo hogar y los maestros nuestros segundos padres. Recuerdo con mucha nostalgia aquella frase gigante escrita en letras doradas en el salón de actos del liceo Francisco Gregorio Billini que decía: Hacia la luz por el camino del saber, palabras del educador de las Américas: Eugenio María de Hostos.

Uno de estos profesores se llamó: Gabino Troncoso, fue mi maestro de Estudios sociales en el plan de reforma, otra de las grandes educadoras de mi época la que aun vive por la gracia de Dios, se llama: María Aristy Diaz, la cual fue mi maestra de Lengua Española, de ambos llevo grabado en mi alma los más hermosos recuerdos y un amargama de gratitud perenne. Pues sus lecciones jamás he podido olvidar.

Recuerdo que la primera vez que salí fuera del país, lo hice en el vuelo 384 de la extinta Dominicana de Aviación, fue un viaje colectivo e imaginario programado por la maestra: María Aristy Díaz, la cual por fortuna fue mi compañera de asiento. Aterrizamos bien en el aeropuerto internacional de Maiquetía en Caracas Venezuela. Más tarde me enteré de que en realidad el nombre oficial del aeropuerto es: Simón Bolívar. Cuando la clase terminó todos los estudiantes nos marchamos a casa, confiados de que regresábamos de Venezuela.

Son incontables las lecciones aprendidas de aquellos maestros inolvidables, que ayudaron en la formación académica a la gran mayoría de mis contemporáneos. Pero de la lección que hoy quiero escribirle, es de aquella que nos narró con maestría absoluta el profesor: Gavino Troncoso, sobre el hombre que agarró el toro por los cuernos. De esto hace ya mucho tiempo, pues si mal no recuerdo transcurría el año 1979. Más la recuerdo como si fuera ayer.

Todo comenzó en la ciudad de Tiro, una de las ciudades más importante de los fenicios, la cual estaba ubicada en la margen oriental del mar Mediterráneo. Allí nació la leyenda que hasta nuestros días permanece arraigada en el subconsciente colectivo de gran parte de la humanidad. Pues esta leyenda mitológica marcó un antes y después del gran imperio Greco-Romano. Pero aunque en realidad fue una leyenda mitológica, en ella se encuentra escondida una buena dosis de historia, la cual nos ha mantenido apegados a la literatura por mucho más de cuatro siglos.

El rey de Tiro cuyo nombre nunca llegó a mi memoria, tenía una hija hermosísima llamada: Europa. Como todas las princesas de la época, tenía el privilegio de tener una docena de doncellas a su servicio para asistirla en todo cuanto la hija del rey necesitara. Una tarde de verano, Europa y sus doncellas se fueron a una playa cercana a jugar en la arena, recolectar flores y disfrutar del fresco aire del mediterráneo.

El dios Zeus de los griegos que es el mismo Júpiter para los Romanos, quedó impactado ante la deslumbrante belleza de la princesa Fenicia, y decidió conquistarla de una manera extraña. Se transformó en un hermoso toro blanco y se acercó a la princesa. Europa y sus doncellas no salieron corriendo para ponerse a salvo de aquel imponente animal que había aparecido de repente. Muy por el contrario, lo adornaron con un collar de flores, lo acariciaban y, la princesa le tomó tanta confianza que se subió en el lomo del toro, que en realidad era el dios Zeus en su versión taurina. ¡Recordemos que en la confianza es que está el peligro! Es propio también recordar que el continente Europeo lleva su nombre en honor a esta princesa Fenicia, y la primera emisión de Euros en billetes y en monedas de diferentes denominaciones, tienen timbrado a la princesa Europa montada en el lomo del toro.

Cuando Zeus sintió que Europa había tomado suficiente confianza, salió corriendo mar adentro, surcando las olas del mediterráneo a una velocidad asombrosa. De esta manera raptó a la princesa y se la llevó para la isla de Creta. Es importante recordar que Zeus, al principio no habitaba en la cima del monte Olimpo como algunas historias no lo presentan, sino que él vivía en el monte Ida ubicado muy cerca de la isla de Creta.

La leyenda cuenta que Zeus se llevó a Europa para la ciudad de: Gortina y allí consumó su pasión amorosa con la princesa Fenicia. El toro blanco en el cual Zeus se había transformado, fue llevado al cosmos y transformado en la constelación de Tauro. De esta relación nacieron tres hijos. Minos, Radamantis y Zarpedon. Luego de que naciera el tercer hijo, Zeus abandonó a la princesa, entregándola a: Asterión primer rey de Creta, con la condición de que supiera que sus tres hijos tenían que ser reconocidos siempre como hijos de Zeus.

Antes de partir, Zeus le dejó tres regalos a su amante Europa, un perro que siempre cazaba a su presa, una jabalina que siempre daba en el blanco no importando como la lanzara, y el tercer regalo era una ciudad en miniatura que era tan mágica como la propia leyenda. Pues era en realidad un Talo que se movía siempre a derredor de la isla de Creta para protegerla de cualquier peligro.

Asterión el rey de Creta y segundo esposo de Europa, Murió pasado algún tiempo, los tres hijos de Zeus comenzaron a discutir acerca de cuál de ellos sería el heredero del trono. Minos el primogénito, solicitó ayuda a Poseidón el dios de los mares, le pidió que hiciera salir un toro del mar para que sus dos hermanos se convencieran de que él era el elegido. Poseidón acepto con la condición de que una vez el fuera rey de Creta, tenía que sacrificar el toro en holocausto a su deidad. Minos acepto y Poseidón sacó un toro grande y hermoso de las aguas del mar. De esa manera Radamantis y su hermano Zarpedón se humillaron frente a Minos rey de la isla de Creta.

Minos prosperó en su reinado, formó un ejercito fuerte y dominante y se casó con Pacifais hija de Helio el dios del Sol, la cual le dio dos hermosas hijas llamadas: Arianna la primera y Feda la segunda. Después que Minos se hizo poderoso, se negó a sacrificar el toro, pues dijo que sería mejor conservarlo como semental y de esa manera hacer un ganado de calidad como ningún otro en la tierra. De esta manera Minos rompió el pacto que hizo con Poseidón el dios de los mares.

Como es de suponer Poseidón se vengaría de esa traición, pero no lo hizo en la persona de Minos, sino en su mujer pues Poseidón pensó que de esa manera seria más doloroso para el rey Minos. Poseidón hizo que Pacifais mujer de Minos, se enamorara perdidamente del toro que él había formado de la aguas del mar. Cuenta la leyenda que a diario se le veía correr por los potreros detrás del toro para consumar su pación, pero el toro se negaba a tener acercamiento alguno con ella.

Pacifais desesperada por el amor que le tenía al toro, fue a buscar ayuda donde un sabio que había llegado a Creta huyendo de la justicia ateniense, quienes lo buscaban por un homicidio. Este hombre sabio e inteligente se llamaba: Dédalo, estaba considerado como un genio. Había matado a un contemporáneo por celos, pues su adversario había fabricado el serrucho inspirado en los dientes de una serpiente. Estaba claro que Dédalo no quería competencia.

Cuando Pacifais le contó a Dédalo acerca de sus deseos, Dédalo construyó una vaca de madera hueca la cual quedó tan perfecta que al toro le sería imposible distinguirla de una vaca verdadera. Una vez terminada la vaca, dédalo la llevó al lugar donde estaba el toro de Poseidón pastando. Pacifais estaba dentro de la vaca hueca lista para consumar su pación con el toro. Cuando el toro vio a una vaca cerca de él, no hay que tener mucha imaginación para adivinar lo que allí aconteció.

Después que Pacifais había consumado su pasión con el toro de Poseidón, las cosas empeoraron, porque primeramente, el toro que antes era pacifico y tranquilo se volvió loco y salió por los poblados llevándose por delante a todo el que encontraba, cuenta la leyenda que el toro mató a cuatro personas de una sola cornada.

El rey Minos preocupado por las acciones del animal y a sabienda que él era el culpable de lo que estaba ocurriendo, mandó a buscar a Heracles el legendario súper hombre de los griegos, que era el mismo Hércules de los romanos, para que se llevara al toro de Poseidón. Todos recordamos que amarrar el toro de Poseidón fue el séptimo trabajo de los doce trabajos encomendados a Hércules por Zeus.

La segunda consecuencia de la unión de Pacifais con el toro de Poseidón, fue que ella había quedado embarazada, y llegado el tiempo, había dado a luz una criatura mitad toro y mitad hombre; le pusieron por nombre: Mino tauro. Esta era una criatura terrible, se alimentaba de carne humana, cuando el mino tauro creció acabó con aldeas enteras, el rey Minos desesperado visitó a un oráculo donde le dijeron que tenía que hablar con el sabio Dédalo que era el único que podía solucionar ese caso.

Dédalo construyo un edificio complejo que tenía una sola entrada y una encrucijada de callejones, nadie podía salir de allí una vez que entraba, solo Dédalos conocía la salida. A esta construcción le llamaron: Laberinto. El mino tauro fue llevado engañado hasta las entrañas del laberinto y para alimentarlo le tiraban catorce jóvenes cada año, siete hembras y siete barones.

El ejercito de Creta conquistó a la ciudad de Atenas, el rey Minos impuso como tributo que el rey de Atenas tenía que suplir catorce jóvenes cada año para alimentar al mino tauro. Reinaba en Atenas para ese tiempo: Egeo, quien tenía un hijo llamado: Teseo. Este había sido seleccionado para convertirse en alimento del mino tauro junto con seis jóvenes y siete muchachas atenienses. Su padre hizo todo lo posible para que su hijo no estuviera en la lista, pero Teseo se ofreció voluntaria mente. Dijo que el mataría al mino tauro.

Su padre acepto a regañadientes, pues sabía que nadie había regresado vivo de la isla de Creta, pero de todas maneras le dijo a su hijo que si el mataba al mino tauro, al regresar cambiara las velas negras del barco por velas blancas para así el saber desde la distancia que su hijo había sobrevivido. De esa manera partieron de Atenas los catorce jóvenes que servirían de alimento al mino tauro.

Teseo llegó a Creta y desde que Arianna la hija del rey Minos lo vio, se enamoró de él locamente, Teseo le dijo que si ella le daba la clave de cómo matar al mino tauro, el se casaría con ella y la haría reina de Atenas. Arianna acepto el trato, fue a visitar a Dédalo el genio inventor del laberinto, y este le dijo que si ella le daba a Teseo un ovillo de lana y el amarraba un extremo del ovillo a la entrada del laberinto, una vez que matara al mino tauro solo tenía que envolver el hilo y este lo sacaría de las encrucijadas de callejones que formaban el laberinto.

Cuenta la leyenda que Teseo entró al laberinto y sostuvo un fuerte enfrentamiento con el Mino tauro, Teseo logró agarrarlo por los cuernos y tumbarlo, una vez en el suelo clavó su daga en el pescuezo del Mino tauro y de esta manera logró matarlo. Luego envolvió el hilo del ovillo y de esta manera logró salir del laberinto. De esta leyenda salen dos frases famosas, El hilo de Arianna y agarrar el toro por los cuernos.