Núñez de Cáceres y el estruendo de Batalla de las Carreras.

Por Sócrates David Peña Cabral

http://sabanabuey.typepad.com/.a/6a00e5546d5109883401a73df12d05970d-piEn 1814, España y Francia, deshacían jurídicamente los lazos que unieron a la Colonia Española de Santo Domingo con el imperio Napoleónico y en 1816, las velas que hacían navegar a Bolívar por el Caribe, cruzaron frente a las costas dominicanas. Era la expedición de los cayos, equipada por el ¨magnánimo¨ Petion, como fue llamado. Los buques conducían a Bolívar, mariño, Bermudez, agustin Villerret, Vicente Celedonio, Luis Aury, Mc. Gregor, el almirante Brion, entre otros.

Fue en las primeras semanas de abril del 1816 cuando el Libertador Simón Bolívar estuvo frente a las costas de bani, pues ya 8 goletas se habían detenido 3 días en la isla beata y luego tocaron punta salinas, lugar éste donde bajaron unos 40 hombres, comandadas por Charles Lomine, capitán de El Félix. Continuó luego su ruta por el canal de la Mona hasta isla de Vieques, de allí a la isla margarita hasta carúpano y ocumare en Venezuela.

Los triunfos de Bolívar despertaron simpatías, y el Licenciado José Núñez de Cáceres tomo en serio las pretensiones para declarar independencia de Santo Domingo de la colonia española.

Debe entenderse que para entonces lo que se procuraba no era la separación de Haití, pues éstos solo ocupaban la parte occidental y se habían declarado libres de Francia. El lado Este pertenecía a España y para el 1818 gobernaba el brigadier español Kindelan.

El 4 de Junio de 1820, el Gobierno de la Colonia del Santo Domingo Español prestó juramento a la Constitución de Cádiz de 1812 y les concedía a los criollos los mismos derechos ante la ley, que disfrutaban los ciudadanos españoles y sus hijos, pero las autoridades coloniales no la aplicaron en favor de los ciudadanos de Santo Domingo, lo que provocó una situación de disgusto en la población. En muchos criollos creció la decisión de constituir un estado independiente.

Para el 6 de junio de 1820, Simón Bolívar era un hombre victorioso en su propósito de la Gran Colombia, pues se le informa sobre el cese al fuego unilateral del ejército español y la invitación para negociar un acuerdo de regularización de la guerra.

En Santo Domingo, Núñez de Cáceres aviva su ideal y piensa en la alta posibilidad de su empresa independentista, pues cree que los primeros emancipados del colonialismo, en la persona del presidente Haitiano Boyer, auxiliaría en la consolidación de la obra y cuando fuere proclamado el nuevo Estado, también sería recibida la protección de Colombia, la de sus próceres y muy particularmente del General Bolívar. La Gran Colombia invitaba a la independencia y Bolívar movía hacia el ideal. La parte Este de la isla de Santo Domingo quería embarcarse en la hazaña libertaria y corresponder al convite.

Hacia finales del 1820, el gobernador Kindelan, conoce del rumor sobre las intenciones de los criollos en Santo Domingo y también escucha de las intenciones de invadir que tenía Boyer. Pero recibe un adelanto de éste y le expresa a Kindelan, ¨que si hubiese tenido pretensiones de alterar la paz lo habría hecho¨, pero que en la colonia española ¨habían hombres amantes de la libertad e innovaciones¨, en clara alusión a los propósitos de Nuñez de Cáceres. Kindelan prestó más atención a las ¨tramas urdidas en las sombras que tenían las mismas ideas separatistas que se presentaban en América del sur¨, por lo que en marzo del 1821 hizo sentir su mano dura y contuvo el movimiento en Santo Domingo, encarcelando, junto a otros, al capitán Don Manuel Martínez.

España sustituye al Brigadier Kindelan y, el 14 de Mayo de 1821, llegó a Samaná el nuevo Gobernador de la Colonia Española, remitido desde Caracas, Pascual Real.

Las pretensiones de un Estado Libre en la parte Este de la isla de Santo Domingo continuaron y desde la metrópoli se advierte ¨ el ejemplo de Venezuela y los últimos acontecimientos de aquel país, influyen de tal manera en las posesiones españolas del archipiélago que debe esperarse que los naturales sigan la conducta de los venezolanos¨.

Boyer ejecuta entonces gestiones subversivas en las poblaciones próximas a la frontera, incitándolas enarbolar la independencia de España o declararse en sus dominios. Fue entonces cuando España le reclama respeto a Boyer y éste, astutamente, hizo que el coronel Fremont y el Capitan Viau, se trasladaran hasta Santo Domingo y se entrevistaran con el nuevo Gobernador Real, ofreciéndole todas las garantías de no usurpar ni atreverse contra el dominio colonial español establecido en la parte Este. ¨Paz y conciliación¨ fueron las promesas Haitianas.

Sin embargo, en Santo Domingo, los criollos continuaron desarrollando intensas actividades conspirativas, pues jefes de varios cuerpos militares se suman a la idea de independencia, y finalmente arrestan en la noche del 30 de noviembre de 1821, al gobernador y capitán general Pascual Real.

El 1 de diciembre de ese año quedó constituido el «Estado Independiente de Haití Español», para diferenciarlo de la ex colonia francesa, Haití, y donde Núñez de Cáceres ejercería presidencia del gobierno provisional. Se creía nacida una nueva nacionalidad, con apoyo de la Gran Colombia, de Bolivar y de Haiti. No obstante, el incipiente Estado Independiente de Haití Español no encontró la seguridad y protección que era requerida.

Ni en los fuertes y generosos brazos de los próceres de Venezuela donde acudían los pueblos que decidían cargar la cruz de la libertad, ni en el vecino que había sido el primero en emanciparse, el nuevo Estado obtuvo colaboración. No hubo ni auxilio de Bolívar y mucho menos, fraternidad de Haití.

El argumento históricamente esgrimido, es que al proclamarse El Estado Independiente de Haití Español ¨no se dispuso expresamente la abolición de la esclavitud¨. Lo cierto es que la mayoría de los esclavos en esta parte se encontraban ya redimidos y en el fondo se imitaba lo que hizo Bolivar, ¨dio libertad a sus esclavos, apartándolos de su servicio personal y convirtiéndolos en soldados de la causa¨. En todo caso, con excusas y pretextos, nunca llegó amparo para el Estado recién proclamado.

La personalidad relevante del comisionado Dr. Antonio María Pineda, no pudo lograr el propósito de reconocimiento y ayuda, pues el plenipotenciario no halló en los prohombres de la Gran Colombia un modesto gesto de apoyo. La nueva nacionalidad no fue acogida en el regazo de la gran república.

Para esos días, Bolívar marchaba victorioso, poco entusiasmo mostro Santander y el comandante Militar de Caracas, José Antonio Páez, no se dio por enterado, pues al parecer eran muchas las ocupaciones de éstos para prestar oídos y mirar hacía un territorio donde ellos no observaban conveniencias.

Sobre la solicitud de acogida del Haití Español, el libertador opinó, en una carta que dirigió desde Popayán al General Santander, fechada precisamente el 9 de Febrero del 1822, que ¨no debemos abandonar a los que nos proclaman, porque es burlar la buena fe de los que nos creen fuertes y generosos; y yo creo que lo mejor en política es ser grande y magnánimo.

Esa misma isla puede traernos, en alguna negociación política, alguna ventaja…no nos comprometemos con ellos¨. Es ostensible el cálculo político que hace Bolívar, cuando habla de ¨ventajas ¨y de ¨no comprometerse¨. Pudo ser también que Bolivar se mantuviera leal por los servicios recibidos de Petion, pues una sola indicación en provecho de la parte española de la isla de Santo Domingo, hubiese quizás persuadido a Boyer para que no traspase la frontera.

Pero hubo franca indiferencia. Nadie ofreció sostén al «Estado Independiente de Haití Español», siquiera la fuerza de su adhesión moral. Era débil el naciente Estado, campo de fácil conquista. Boyer hizo entonces lo que entendió conveniente a su parte, conmina a Nuñez de Cáceres mediante carta del 11 de enero, el día 12 emite orden general para marchar dentro de 4 días sobre el Este y en esas circunstancias, Núñez de Cáceres aconseja en su manifestación del 19 de enero del 1822, que se le dejase entrar pacíficamente para evitar las tragedias de otros tiempos.

Con sus huestes, Boyer ingresó a la ciudad de Santo Domingo a las 7:00 de la mañana del 9 de febrero de 1822, decidido a unificar la isla de Santo Domingo. Las tropas entraron al territorio de habla española, bajo la supervisión del general Guy Joseph Bonnet. No hubo incidentes, pues para diciembre de 1821 habían logrado que Santiago y Puerto Plata se pronunciaran a favor de la unificación con Haití y en enero de 1822, por temor, también hicieron parecida petición residentes en Cotuí, La Vega, Azua, San Juan y Neiba.

Bani no se pronunció a favor de la unificación y más bien habían sido alentados en contra de la ocupación por Fray Vicente González Urra, cura que duró en Bani desde el 1812 hasta 1831. Los banilejos observaron, el 5 de Febrero del 1822, la llegada de la primera división del ejército Haitiano comandada por el Gral. Borgella, y preocupados vieron entrar en la mañana del día 6 a Boyer. El porvenir mostraría que la dura tierra del sur banilejo estaba reservada como escenario para producir la necesaria y contundente declaración en la historia de nuestra libertad, el pronunciamiento requerido.

Para el 6 de agosto del 1822, se insistía en la cooperación y abrigo de la Gran Colombia, pues se escribía al Vicepresidente de ésta, implorándosele a Carlos Soublette para que ayudara expulsar las huestes de Boyer. Nada ocurrió, resultó efímero el «Estado Independiente de Haití Español» y expiró el intento de crear un nuevo Estado libre, pero una generación juvenil recogería el ideal desfalleciente y luego de azotes, a costa de propios esfuerzos, a puro coñazo, continuaba forjándose la nacionalidad dominicana y el 27 de Febrero del 1844 era proclamado el Estado dominicano.

Diríamos que el pronunciamiento de Bani llegó siempre cuando fue propicio, en aquel 28 de Febrero del 1844, a pocas horas del trabucazo que rasgaba el cielo y que anunciaba el nacimiento de la Republica. Vibró Bani con la llegada de la noticia que portaban Luis Alvarez, José e Hipólito Billini, Basilio Echevarría y Rosendo Herrera, pero sobre todo cuando Matías Arias, un hombre simple de tropa, de la sección del carretón, izó la bandera nacional en la plaza de armas. Continuarían y llegarían resonantes triunfos.

Para el año de 1849 ya la Republica Dominicana, enarbolaba su bandera, no la de la Gran Colombia y se mantenía bajo su propio trueno libertario, sostenida por cuantos medios se tenían en alcance. La visión estratégica de sacar provecho como isla al poder naval para optimizar las tareas de combate, bajo el concepto de operaciones conjuntas, marítimas y terrestres; abarloadas al soporte logístico y operacional (transporte de tropas, alimentos y pertrechos de guerra), así como poder de fuego desde tierra y mar, dio excelentes resultados, fortaleciendo el Ejército dominicano en enfrentamientos bélicos trascendentales, como Batalla de las Carreras.

Sin dudas, que luego de esa contienda, ya éramos un país respetable, consagrados por los reconocimientos formales y admitidos en el rango de nación libre, independiente y soberano. A los dominicanos se les reconocían las condiciones para defender su integridad política y territorial, puesta en peligro sucesivamente a través de las diferentes invasiones haitianas hacia nuestro país.

Después de la independencia efímera y transcurridos veinte y tantos años, la gloria de la nacionalidad dominicana, la confección de su bandera, la colocación inmaculada en el tope de toda asta, el heroísmo de sus tropas, la destreza y talento de los jefes militares, la potencia de sus armas victoriosas eran distintas y había provocado más que el reconocimiento por parte de otros Estados, pues también llamaba toda atención y ante sus comandantes llegaban las procuras y solicitudes de colaboración. Las espadas libertarias y los prohombres americanos no permanecían ahora indiferentes a las luchas políticas y militares en el Caribe.

El laurel obtenido en abril del 1849 provocó un estruendo continental y todos colocaron su mirada en el estrecho territorio que había sido abandonado por la Gran Colombia a cuya nación quiso guarecerse porque para el 1821 no se tenían por estas tierras recursos de ninguna especie para mantenerse en pie como Estado.

José Antonio Páez, el que libró la campaña de Apure junto a Simón Bolívar, el mismo de las Queseras y Carabobo, ascendido en el mismo campo de batalla, condecorado con la Orden de los Libertadores, comandante general, jefe civil y militar, presidente, en fin, uno de los próceres venezolanos a quienes recurrió la parte Este de la Isla, a quienes Núñez de Cáceres imploró ayuda y hasta cuyas puertas toco el plenipotenciario Dr. Pineda, le escribió dos cartas al General Pedro Santana. 

Páez, escribe primero desde curazao el 22 de junio del 1849 y se dirige al General Pedro Santana, le manifiesta estima y la simpatía por la causa Dominicana; dice que en Santo Domingo imperan los principios verdaderamente liberales, reconoce ¨ el yugo abominable del crimen y la barbarie¨ enumera las desgracias que según él persiguen la verdadera libertad en Venezuela, señalando que se encuentra al frente luchando por la libertad de su patria, pero necesita elementos ¨uno poderoso, un buque de guerra¨…y este puede prestármelo Santo Domingo¨… ¨bien enviándolo en clase de auxilio a la causa que sostengo en un todo idéntica a la que dichosamente acaba de triunfar en esa republica¨…¨Santo Domingo no tiene tratados con Venezuela…no tiene pues esa republica ningún temor que le impida prestar a Venezuela el importantísimo auxilio…persuádase del inmenso servicio que prestaría proporcionándome la CIBAO, a la mayor brevedad posible, y de que mi gratitud para con esa Republica no tendría limites¨. Continúa Páez, ¨me he tomado la libertad de acreditar al General Abad Alfau, a fin de que pueda arreglar en nombre de Venezuela cualquier convenio¨. Con sentimientos de alta consideración soy de VE. Atento servidor. Firmado Jose A. Páez. General en Jefe de las armas de Venezuela.

Otra misiva, es fechada el 4 de julio del 1849, desde Coro, Venezuela. En esta Páez, reitera la estima para con la Republica Dominicana y ¨por el digno jefe que la preside¨. ¨Los patriotas dominicanos recibirán sin dudas con gusto la noticia de hallarme en territorio venezolano¨, pues ¨reinstalado daré al pueblo y gobierno de Santo Domingo, muestras inequívocas de cordial amistad¨ e insiste nueva vez en la petición ¨ ¡cuán oportuno, cuán importante, me sería en estos momentos el auxilio de la corbeta CIBAO!. Decídase U., General, por dar este apoyo a la causa que presido¨… ¨la influencia con que me favorezcan en mi patria, la hare servir en apoyo de Santo Domingo, ofrezcolo a U. bajo mi palabra de honor¨… ¨Si U. se sirviere acceder a mi solicitud, se servirá disponer que la corbeta toque en curazao¨. ¨Tengo el honor de acompañarle un ejemplar de mi proclama¨. Su afmo. Y muy abdte. Sevr. José A. Paez.

José Antonio Páez solicitaba auxilio y establecía que era menester para sus luchas contar con la corbeta nacional cibao. La fragata Cibao era nuestro buque insignia, dotada con la potente artillería de veinte cañones y seis metrallas. Disponía de fusiles y lanzas para ser utilizados en abordajes, asaltos a instalaciones terrestres militares y en operaciones de cabezas de playas.

Ahora, y luego de Batalla de las Carreras, todo era laudatorio, ofrecimientos. Pero Páez no obtuvo, ni vendida ni prestada la corbeta CIBAO. No hubo oídos para aquel ruido de socorro, probablemente era la respuesta histórica al desaire que se le hizo no al Dr. Pineda o a Núñez de Cáceres, sino a la poca valoración que se le otorgó a los esfuerzos inauditos que se hicieron en 1821 cuando se buscó la filial adhesión a la Gran Colombia.

La nación había resistido, no falto valor para seguir impulsando la idea y una juvenil generación, presidida por el más puro de todos los patricios continentales, Juan Pablo Duarte, había empuñado el noble y hermoso propósito de libertad y patria. La nación se había refugiado en esa fortaleza inexpugnable que es la juventud, pues los soldados de la independencia serían los generales de la restauración. Luego de Batalla de las Carreras, la patria muy altiva la frente alzó.

Que si fuere mil veces esclava,

Otras tantas ser libre sabrá.

¡Viva eterna! ¡Republica Dominicana!.

Bani, martes 30 de abril del 2019.