Con el alma desnuda

Por José Reyes

http://notisurbani.com/images/jose_Reyes_escritor_foto.jpgCuando la voluntad de un hombre, es presa de los latidos tenues de su corazón enamorado, es porque existe nostalgia. Inconmovibles afectos de ternura infinita, se enroscan como caracoles en el alma; entonces nace la pena. Las alarmas de los más gratos recuerdos se disparan, en los surcos profundos de su memoria. Quizás por esto es que siento, que la madrugada está espesa, y se disuelve entre mis ojos; la brisa que se filtra por los pliegues de mi ventana, me trae la fragancia que emana de su cuello. Acaricio su fotografía y sus labios cobran vida.

Imágenes de nuestro idilio surgen de la nada y se expanden, el deseo por tenerla a mi lado, ha avasallado ya al péndulo de mi agonía. Porque la férrea determinación de continuar amándola es indómita. Me encuentro parapetado entre la muerte y su ausencia, cultivando caricias inéditas. Observando la dimensión de la luz que desde sus pupilas me obnubila, buscando su desnudez, como aquella tarde lluviosa de aquel julio inolvidable, para deshojar una vez más, pétalo a pétalo: las hortensias de nuestra primera vez. Recuerdo que la noche y la lluvia nos cubrieron con un manto sublime de complicidad. Las cataratas del cielo fueron abiertas, y las caricias comenzaron a llegar de dos en dos.

Allí, bajo el despojo del cosmos; alcanzamos las galaxias más lejanas: ¡las tocamos con las manos! El auto se llenó de besos, de aquellos besos que mis labios no pudieron atrapar por la magnitud del diluvio. Los cristales no estallaron, porque eran a prueba de pasiones. El sueño se ha fugado de mis ojos, como el agua que escapa por las hendiduras del hueco de mi puño, golpeo el aire, golpeo la nada, golpeo el tiempo; hasta que veo caer la última gota. Es que existen amores que son como cause profundo. Inmenso rio de ternura interminable, cuyos meandros son una copia exacta de tu cintura ¡Oh! mujer inolvidable. ¡Es exactamente ahí, donde hoy me encuentro a la deriva!

Flotando está mi corazón sobre nieblas de ilusiones, la noche guarda mis secretos porque mi alma tiembla. Las caricias de mi amada, son mi esperanza de vida; su fragancia es mi energía desbordante, noche a noche, días tras días. Desde aquella noche mágica en que fui tocado por sus labios, y al instante cicatrizaron, las ronchas de mi alma. Aquellas secuelas dejadas en mi ser por amores paganos.

Una pasión desenfrenada como avalancha de besos, está crispando mi sueño; porque la intensidad de mis deseos por tenerla es inmensamente tierna. Está extasiada la luna frente a frente a mi ventana, no es noche de luna llena, pero el ego de mi virilidad esta imitando a un lobo. Zumbidos profundos, de quejidos consumados por el éxtasis longitudinal de sus labios, han cortado tajo a tajo el silencio, y la sensación agónica de mi cuerpo derretido en su fuego; se ha suspendido inexorablemente en el tiempo. Porque la pasión es más que un sentimiento, y el corazón, la maquina que lo entiende.

Su belleza me taladra el corazón, es eso lo que siento. Al verla pasar por cada línea de mis versos, también veo mi razón de ser que la persigue: como piraña hambrienta. Me parapeto detrás de la lluvia, entonces siento sus besos. ¿Pero qué voy hacer? ¡Oh alma mía! Si tantas veces he jurado promesas rotas de no entregar el corazón y he fallado. Aunque también entiendo, que la soledad huele a desierto y a moho, huele a tristeza y a melancolías, la soledad huele a tiempo muerto, huele a laberinto, a días largos, a noches eternas, a derrotas inexplicables, a batallas perdidas; la soledad huele a llantos sin consuelo.

Dame tus manos inundadas de encantos ¡Oh! dulce mujer de mi alma. Porque la savia de tus pechos esta mordiendo la noche, escapa del cerco de los prejuicios, y aproxímate a mi llanura como manantial recién nacido. Ven a tomar mis manos húmedas por el roció de mis ojos, ven a descubrir un mundo nuevo, recién inventado por el fragor de mis penas. Ven… Ven, que ya las piedras están pariendo el polvo del camino; y el rocío se está condensando en mis labios para marcar tus huellas. Hoy siento que es tan mía la magia de tus ojos, que puedo estar un siglo mirándome en el espejo de tu nobleza empírica. Te miro desde la trinchera de estas líneas, y veo a nuestro amor atrapado en tus pupilas. Mis besos danzan en tu iris, y de cada una de tus pestañas cuelga una caricia.

Pero luego… Luego regreso a la dura realidad del rincón donde habita esta triste soledad, y siento que el colser de mi vida, trota sin rumbo aparente por caminos ya recorridos. Mientras que allá a lo lejos, tal vez al final del siglo; se vislumbra el destello de luz que ha encendido mi esperanza. Quisiera acelerar la marcha, pero el tiempo me ha quitado las riendas. . Es que la soledad es más larga que la agonía, y los recuerdos son como fiordos profundos. Es esta la razón, por la que hoy mis versos se refugian en el parnaso de tus pechos, danzando entre líneas de pasión. Puedo sentir cada brizna de tu pelo cayendo sobre la humedad de mi rostro, mientras que mis labios realizan una danza casi, casi sagrada, sobre las montañas de Venus. La musa se ha hecho dueña de mi pluma, quizás porque ella también ha entendido, que mi alma es tinta, y tu cuerpo papiro.