El aviador más antiguo del mundo.

Por José Reyes 

http://www.notisurbani.com/images/jose_Reyes_escritor_foto.jpgVivíamos el esplendor de la primera décadas del siglo XIX. El planeta todavía no se había recuperado de la avalancha de plagas, y de epidemias; que arroparon la era, diezmando a la humanidad. El azote de la peste negra por Europa, la fiebre amarilla por Asia, la Rubeola por América; el cólera por África, y la hambruna por todas partes. Fueron males que causaron más muertes que todos los desastres naturales a los que ha tenido que enfrentarse la humanidad.

Justo al filo del mediodía del 28 de junio del año 1914. Un revolucionario Serbio mató de un disparo al archiduque de Austria: Francis Ferdinar, causando un enfrentamiento bélico entre las dos naciones. Dicho enfrentamiento provocó un efecto dominó, el mundo entero perdió la partida con el estallido de la primera guerra mundial.

Cerca de diez millones de soldados murieron en combate o por causas relacionadas al conflicto armado, fue muy difícil de establecer la cantidad de bajas en la población civil, pero es seguro que superó a las bajas de los uniformados. Comunidades enteras fueron convertidas en carne de cañón, y los sobrevivientes en mercancía barata. Pueblos que nunca habían visto a una patrulla de soldados, de repente fueron invadidos por batallones que barrían los campos con el fuego de sus metrallas. Hombres que nunca habían escuchado otro sonido que no fuera el trinar de las aves, el bramido del ganado, o el relinchar de los caballos. Quedaron sordos porque sus tímpanos reventaron a causa del estruendo de los cañones, y los interminables combates por aire, mar y tierra.

El planeta sufrió cambios importantes en el medio ambiente, durante los cuatro años que duró la primera guerra mundial, campos enteros fueron convertidos en fosa comunes porque los cementerios no daban abasto para tantos cadáveres. Esta fue una de las tantas razones por la cual la cantidad exacta de victimas en la población civil, nunca pudo ser establecida. La agonía a causa de la mortandad fue tan inmensa que un científico llamado: Alexander Fleming, tuvo que echar a un lado sus experimentos de turno; para ponerse a inventar la penicilina en el año 1928. Gracias al cielo que lo logró, porque si no lo hubiera logrado usted no estaría leyendo estas líneas, ni yo las hubiera escrito, simplemente porque las bacterias infeciosas se habrían adueñado del planeta tierra. Mi país Republica Dominicana, no estaba identificada con ninguno de los dos bandos en conflicto porque aparte de que es una nación pequeña, estaba atravesando por la calamidad más horrenda que pueda atravesar una nación libre y soberana: La primera invasión de los soldados de infantería de la marina de los estados unidos de norte américa.

La patria lloró con dolores de parto al sentirse mancillada, avasallada, y secuestrada por una potencia extranjera, gracias a la vida que en mi país siempre han existido hombres cuyos nombres se escriben en la misma línea donde comienza la patria. Uno de esos grandes e inolvidables hombres se llamó: Gregorio Urbano Gilbert. Quien estuvo siempre presto para la defensa de la patria, hiso frente a los invasores con armas rudimentarias, una gallardía a prueba de todo, y un amor incondicional por la patria. Oriundo de la ciudad heroica ciudad de San pedro de Macorís. Un hombre que tenía muy en claro que vivir sin patria es lo mismo que vivir sin honor.

La primera guerra mundial amainó tan solo para fortalecerse, engrasar los cañones, inventar nuevas bombas atómicas, y reclutar a nuevas víctimas. Si la mortandad fue grande en la primera guerra mundial, en la segunda fue catastrófica. Los imperios simple y llanamente se repartieron el planeta en partes iguales.

Tratando de consolar a los que habían sobrevivido a la guerra, las entidades religiosas ofrecían la paz y el sosiego que ofrece el todo poderoso a traves de las sagradas escrituras. Fue así como el evangelio pentecostal comenzó a expandirse hasta llegar a todas las Antillas. Decenas de misioneros Europeos cruzaron el océano atlántico con el pan de la cristiandad debajo de sus brazos.

Miles de Dominicanos escuchaban los sermones a través de la radio en onda corta, las congregaciones evangélicas comenzaron a florecer, familias enteras entregaban sus vidas al señor, y continuaban ofreciendo por gracia lo que por gracia habían recibido. Hasta que el evangelio inundó toda la isla. El mensaje de salvación, transformación y sanidad divina, se arraigó en cristianos comunes, líderes espirituales, pastores, evangelistas, misioneros, diáconos, reverendos, y en todo aquel que tenía la capacidad y el deseo de ver crecer a su iglesia.

Simplemente se lanzaba a la cacería de nuevos adeptos llevando siempre debajo del brazo una biblia como arma de reglamento. Se realizaban campañas evangelistas en los estadios deportivos, en las sabanas, en las calles, y en cualquier otro lugar donde fuera posible juntar a mucha gente, reinaba una hermandad admirable entre los pentecostales, pero en algunos eventos tenían que reprender en el nombre de

Jesús a los católicos romanos. El mensaje era el mismo de los primeros discípulos de Jesucristo: Arrepiéntanse de sus pecados porque el reino de Dios ha llegado a este pueblo, cristo viene pronto.

Esta era una de las razones por la cual los cristianos predicaban la palabra del señor a tiempo y fuera de tiempo, incluso hubo un predicador que se llenó del valor que tuvo Juan el Bautista, fue a decirle al presidente de turno: Doctor Joaquín Antonio Balaguer Ricardo, Basta ya de tantas masacres, arrepiéntase de sus pecados porque usted ha convertido al país en un matadero de seres humanos. El predicador sobrevivió a la hazaña en parte porque un ángel de Dios lo cuidaba como siempre decía en sus mensajes, pero también es bien sabido por todos los Dominicanos que Balaguer se vendía como un hombre de profunda convicción cristiana ante los inquilinos de la casa blanca, no era una casualidad que el santo de su devoción era: San Joaquín de la porra.

La emoción se trasforma en euforia al navegar a través del diáfano océano de los versos sagrados de la biblia, cada versículo tiene su propia interpretación y su propia adrenalina integrada. Razón por la cual es muy común ver a los predicadores, agitados encima de las tarimas, tratando de convencer a los hombres de pecado.

Un joven predicador había comenzado su ministerio con la apertura de un campo blanco, así llaman los cristianos a las comunidades donde todavía no ha llegado el milagro de una iglesia. El misionero viajaba todos los fines de semana desde la ciudad de Neiva de donde era oriundo. Neiva, es una ciudad enclavada en el sur profundo de la Republica Dominicana; allí no fluye leche y miel como acontecía en la Canaán del antiguo testamento. Pero es el unico lugar de la isla donde crecen las uvas más dulces del planeta. En Neiva literalmente se puede convertir el agua en vino sin la necesidad de un milagro.

El misionero se había enamorado de una pequeña aldea de mi pueblo Bani, llamada: Sabana Larga. Una comunidad de hombres laboriosos tendida longitudinalmente a todo lo ancho de la falda de un cerro. Allí vivían para aquel entonces unas cincuenta familias que sobrevivían al hambre, gracias a las pericias aprendida de los chivos, animales domésticos que pueden subsistir comiendo hojas secas, y tomando agua cada quince días.

Si Mario Vargas llosa hubiese visitado la aldea de sabana alarga, es muy posible que allí hubiera comenzado la guerra del fin del mundo, pues era una comunidad pobre en extremo, donde la mayoría de sus hombres pertenecían a una institución castrense. Gracias en parte a que por aquellos tiempos, tan solo había que cumplir con dos requerimientos para ser miembro del ejército Nacional: Tener seis pies de estatura, y estar dispuesto a dar patadas. Una gran mayoría de los miembros de las fuerzas armadas firmaban sus cheques con una cruz, y no era por sus creencias religiosas. Sino porque hasta sabana larga todavía no había llegado el sagrado pan de la enseñanza.

Los primeros días fueron muy dificiles para el joven misionero, pues al parecer el mensaje del evangelio no es tan fácil de digerir con el estómago vacío. Pero el misionero siempre presentó batalla, armado de una fe férrea a prueba de escorbuto, hasta que por fin logró levantar una capilla con cuarenta y cinco feligreses. Todos, creyentes en el mensaje del señor colaboraron de manera extraordinaria para construir la capilla en tiempo record. Un ocho de septiembre y después de seis meses de intensa labor, fue terminada la capilla.

El misionero se propuso hacer una fiesta de inauguración en grande, invitó a su iglesia natal en Neiva, así como también a todas las iglesias de las comarcas vecinas entre las cuales había una iglesia perteneciente a otra denominación religiosa: Concilio del calvario y los clavos de la cruz. Dicha congregación era dirigida por una señora morena que usaba unos lentes recetados de los denominados: Fondo de botella, la cual se presentó ante los demás pastores y misioneros invitados con su nombre propio, legítimo y santificado: Pastora Solanilla del corazón de Jesús Mota Varela. Portaba aferrada a su pecho una biblia forrada de piel de cocodrilo, detrás de sus gruesos lentes parpadeaban sus dos ojos pequeños, en los cuales se reflejaba la luz de una inteligencia perteneciente a otro mundo.

La actividad de inauguración comenzó con fuerza, tres equipos de voluntarios pertenecientes a la capilla preparaban el refrigerio en el patio, bajo la sombra de dos árboles de guatapaná. Media docena de perros realengos esperaban en fila india por las migajas sobrantes del festín, mientras que tres chivas paridas que estaban encerradas en un corral contiguo berreaban con incertidumbre y desconcierto. Pues al parecer los animales saben que en algunos ritos religiosos casi siempre hay sacrificio de animales, y cuando no, un salcocho. Las tres chivas se calmaron y dejaron de berrear cuando el misionero dio formar apertura a la fiesta. Al entender de inmediato que aquella no era una fiesta pagana.

El misionero agarró su guitarra y cantó para los presentes una canción que iba muy acorde con sus logros misioneros, y en competencia con los chivos del lugar. La canción llevaba por título: Eran Cien Ovejas. Los hermanos levantaban sus

biblias y coreaban a alabanzas a Dios con una entrega maravillosa, cuando el misionero terminó de cantar, agradeció a los presentes la deferencia y solidaridad.

Entre los hermanos que habían viajado desde Neiva había un joven llamado: Victorino Lespier, el cual se había ligado a la iglesia tan solo porque de esa manera le sería más fácil llegar hasta la gloria, una preciosa muchacha llamada: Josefina Cueva de quien estaba perdidamente enamorado. El misionero ofreció el micrófono a unos cuantos pastores, los cuales reafirmaron sus votos de solidaridad para con el misionero, así como también con el mandato de las sagradas escrituras.

Después de la participación de los pastores invitados, comenzó la parte principal del evento; El mensaje inaugurar de la capilla cristiana Sendero de la cruz de la aldea de Sabana Larga.

Lleno de la emoción que caracterizaba el misionero abrió su biblia, y leyó el versículo siguiente: Vallan por todo el mundo, y predique el evangelio a toda criatura, si alguno cree y es bautizado, será salvo, pero sino creyere será condenado. Todos los hermanos tenían sus biblias abiertas dando seguimiento a la lectura sagrada.

Una ráfaga de alabanzas al creador llenó de expectativa a todos los presentes, el misionero hiso una pausa prolongada, mientras que sus ojos que eran lavados por una catarata de lágrimas se mantenían fijos en la congregación. Luego retomó el hilo del mansaje con una convicción admirable, haciendo uso de la hipérbole bíblica de una manera asombrosa. Queridos hermanos, y amigos que nos honraran con su presencia, si yo fuera a tematizar al mensaje que hoy me propongo compartir con ustedes, me gustaría llamarlo: Valió la pena. Tres docenas de Amen y medio centenar de gloria a Dios rompieron el pedazos el silencio de tarde...

El misionero se arregló la corbata, despegó el micrófono del pedestal, avanzó cuatro pasos hacia el frente hasta posesionarse detrás de una canasta de Lirios que adornaban el pulpito. Con movimientos muy bien coordinados se movía de un lado hacia otro de la tarima que le servía de lugar santo. Entonces dijo a la iglesia: Hermanos míos, me parece estar mirando a Jesús de Nazaret junto a sus doce discípulos, caminando hacia las escalinatas del avión que lo transportaría desde la región de Galilea, hasta la tierra de Neftalí. Para decirle a las almas que el tiempo de arrepentirse ha llegado. La capilla se llenó de amen y las calles perpendiculares de gloria a Dios y de aleluya.

Victorino Lespier el joven muchacho de la ciudad de Neiva, levantó su mano derecha para pedir la palabra, quizás lo hizo con más intención de impresionar a la hermosa Josefina Cueva, que de corregir la hipérbole expuesta por el misionero. Le fue concedida la palabra, Victorino se puso de pies con una determinación asombrosa, todos los presentes tenían los ojos puestos en él, y sus oídos prestos para escucharle. Se dirigió al misionero con una aclaración de lugar: Excúseme predicador, no es mi intención desviarlo de su tan importante exposición. Créame que lo que le voy a decir, no tiene más intensión que la de esclarecer una duda. Los eventos a los que usted hace referencia, ocurrieron en el siglo primero de nuestra era. El primer prototipo de lo que hoy conocemos como avión, antes llamado: Maquina voladora, fue inventado en KittyHawuk una pequeña comarca de Carolina del norte en los Estados Unidos. un 17 de diciembre del año 1903. Por lo tanto en la época de Jesucristo aun no existían los aviones, al contrario estaban muy lejos de existir.

La confusión fue colosal, el misionero intentó aclarar el contenido de su frase hiperbólica, pero la pastora Solanilla del corazón de Jesús Sepúlveda Valera le salió al paso. Ajustó sus gruesos lentes recetados al centro de su nariz, y le preguntó a Victorino, ¿Usted tiene una biblia joven? Victorino le contestó afirmativamente, luego la pastora volvió a preguntarle por segunda vez, ¿Usted ha leído esa biblia? Victorino le contestó de la misma manera. Entonces la pastora le dijo con una convicción excelsa: pues yo le aconsejo que por favor la lea nuevamente, y en ella encontrará que quien entregó a Jesús para ser crucificado, y luego se lavó las manos, fue nada más y nada menos que Poncio el piloto, y si habían pilotos es muy lógico que existían los aviones.