EL NAZISMO Y EL AUGE DEL TRUJILLISMO EN RD.

Por Carlos Segura

http://www.notisurbani.com/images/Carlos_Segura_escritor_foto.JPGDejando de lado las diferencias de época y contexto, el nazismo alemán (1933-1945) y el reciente auge del trujillismo en República Dominicana tienen en común el hecho de ser hijos de una crisis. En medio de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y el incremento del antisemitismo, aparece la figura de un monstruo: Adolf Hitler. El desenlace es de todos conocido, pero vale la pena recordarlo: el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), una Europa desbastada, el Holocausto y entre 50 y 70 millones de víctimas, el 2.5 por ciento de la población mundial.

En nuestro país, en medio del descontento, el hartazgo, que le está produciendo los partidos del sistema a amplios sectores de la población, por la corrupción galopante, la presencia de una inmigración haitiana descontrolada, ausencia o deterioro de los servicios existentes, inseguridad ciudadana, para solo citar algunos de los problemas más acuciantes, aparece la figura de Ranfis Dominguez Trujillo, un hombre muy consciente del conservadurismo y autoritarismo que permea a la sociedad dominicana y de que ahí está su posibilidad de adueñarse del espacio ultranacionalista del que no han podido adueñarse totalmente los Vincho y compañía, desacreditados por todas las travesuras que han cometido el escenario político nacional. Él, por el contrario, tiene a su favor que es “sangre nueva”, como diría Danilo Medina, “un penco de candidato” para ocupar el espacio de la ultraderecha.

A diferencia de los Vincho, tiene a su favor la juventud, el legado de su familia y un bien orquestado discurso de promesa de gobierno de mano dura y decidido a deshaitianizar el país.

No voy entrar en detalles de lo que significó la cruenta tiranía de Trujillo ni como este régimen sigue gravitando en la política nacional. Para los que han olvidado o simplemente desconocen lo que significó ese régimen, les dejo como tarea leer Una Gestapo en América, de Juan Isidro Jimenes Grullón, una lectura necesaria para todo dominicano. Se puede obtener gratis en la Internet.

Fíjense que tanto en la Alemania de principios del siglo XX como en la República Dominicana de hoy hay un chivo expiatorio, cuando todo va mal, alguien tiene que tener la culpa, allá eran los judíos, aquí son los haitianos, una inmigración irregular, sin control, que se da con la complicidad entre traficantes y personeros del gobierno, desde simples guardias, hasta cónsules. Con este lucrativo negocio, que opera con toda impunidad, se enriquecen unos pocos (traficantes de personas, transportistas, personeros del gobierno, hacendados, empresas constructoras). Las leyes migratorias, que existen desde 19911, incluso una muy restrictiva, como la de 1939, así como todas las otras modificaciones que se han hecho desde esa fecha hasta hoy, están ahí para lo que siempre hemos sido buenos: para simular que somos un país, no para aplicarlas.

Un Trujillo en el poder, ¡Dios nos libre!, para gobernar con mano dura, erradicar la corrupción, construir un muro para frenar la inmigración y repatriar a los ya establecidos en el territorio nacional (es la esencia de su discurso) es una propuesta tan simplista como irrealista, a menos que no se pase del discurso a la guerra, al genocidio, la destrucción y la muerte, como en la Alemania Nazi.

Paso a desglosar la propuesta (en síntesis) de Dominguez Trujillo:

1. Erradicar la corrupción, en todas sus formas, tanto la indebida apropiación de la cosa pública como privada. Esto es justamente uno de los legados de Trujillo, quien hizo de la cosa pública un conuco de su propiedad y despojó a particulares de todo lo que se le antojó. Para solo citar un caso de irrespeto a lo ajeno: Juancito Rodriguez, el más rico hacendado del Cibao por aquel entonces, fue despojado de todas sus tierras. Nunca pudo perdonarle al Jefe tal abuso, se exilió en Cuba y desde entonces solo vivió para conspirar contra él, financió y participó personalmente en la invasión de Cayo Confite, en 1947, también en la de Luperón, 1949. El festín que está haciendo la cúpula peledeista en el poder con la cosa pública y el reparto de dadivas y preventas a todo dar para ganar adeptos y silenciar voces, no son más que recreaciones del patrimonialismo y paternalismo del Jefe.

2. La construcción de un muro en la frontera para contener la “invasión pacífica” haitiana. Una obra faraónica, costosísima e inservible. Serían 376 km de muro. Las vallas de Melilla y Ceuta, en la frontera entre España y Marrueco, son de apenas 12 y 8 km respectivamente y 6 metros de alto, esto no ha impedido a los hombres, mujeres y niños hambrientos de África seguirlos saltando, pese a la estricta vigilancia. Aquí harían lo mismo los haitianos, en vez de los escasos 20 km que tienen los africanos para saltar, aquí tendrían 376 km por donde hacerlo. Bastaría púes tener una guardia fronteriza, bien entrenada, bien equipa y bien pagada, que mantenga una estricta vigilancia para reducir al mínimo el tráfico de personas, armas y bienes (incluyendo droga). Esto nunca se ha hecho.

3. Repatriar a todos los inmigrantes indocumentados. Otro medida irrealista. Logísticamente, no veo como recogerlos a todos, montarlos en camiones (sin violentar sus derechos como personas) y ponerlos del otro lado de un muro, que no tardaran en saltar (hace ya miles de años que se intentó la escalera), si es que ya está hecho. Inoperante el plan del muro, no le quedaría otro camino que el genocidio, ya lo hizo su abuelo en 1937.

Creo firmemente que la crisis por la que atraviesa el país no se resuelve con una dictadura, ni de izquierda ni de derecha, sino con más y mejor democracia. La solución de nuestros problemas más acuciantes no podrá ser la obra de un caudillo, una figura fuerte, decidida a gobernar con mano dura para organizar a una sociedad que, 58 años después de haber derrumbado una tiranía, no termina de organizarse en democracia. Esto solo se logrará con la emergencia de una clase dirigente con vocación de servicio, visión de progreso y voluntad política para poner orden. Imposible lograrlo de la noche a la mañana, pero por algún lado habrá que empezar. Lo primero sería sacar del gobierno al PLD, el desguañangue en el que está inmerso abre grande la puerta por donde sacarlos. Luego, comenzar a construir el país que queremos, consensuar las necesarias reformas. Yo, como todo ciudadano que aspira a la construcción de un país mejor, tengo mi lista. A continuación se la presento de manera no exhaustiva y obviando el orden de importancia:

- Hacer efectiva la separación de los poderes del Estado;

- Fortalecer la independencia judicial, mediante una reforma que modifique la selección de los jueces de la Corte Suprema y de los tribunales, fortalezca la carrera judicial, reduzca el peso del Ejecutivo en el Consejo Nacional de la Magistratura e incorpore a representantes de la sociedad civil, colegio de abogados, entre otras, establezca la permanencia de los cargos y nuevos mecanismos de evaluación judicial;

- Poner en manos de una justicia independiente todos los casos de corrupción. Cero impunidad;

- Reducir la talla del Estado, menos ministerios, instituciones autónomas, institutos, comisiones, vía la fusión o eliminación de las instituciones incendiarias;

- Profesionalizar la administración pública, reclutando su personal a través de concursos administrados por el Ministerio de Administración Pública con la participación de las organizaciones de profesionales, colegio medido, de abogados, de ingenieros, gremios de maestros, de enfermeras, etc. Esto, a todos los niveles de la administración, a excepción los puestos políticos, ministros, subministros, embajadores. Ese mismo ministerio se ocupará de determinar los puestos necesarios y de evaluar los conocimientos, competencias y habilidades del personal existente para determinar quién se queda o se va;

- Utilizar el presupuesto como instrumento de desarrollo (no para polituiqueria);

- Fortalecer los gobiernos locales, otorgándole una mayor partida del presupuesto, para que puedan ofrecer a las localidades mayores y mejores servicios, agua potable, recogida de basura, seguridad, fortaleciendo el papel de las policías municipales, acercándola más a la gente, a las comunidades;

- Cobertura de servicios de salud para toda la población;

- Elevar la calidad de la educación a todos los niveles, incluyendo una mayor financiación para las universidades para que puedan cumplir eficazmente su función de educación, investigación y desarrollo de nuevas tecnologías y de extensión (programas de colaboración con los sectores productivos y organizaciones de la sociedad civil);

- Políticas públicas para favorecer a los sectores vulnerables (jóvenes, niños, madres solteras, adultos mayores);

- Reorientar la inversión pública. Avenidas, carreteras, puertos, aeropuertos, metro, obras de relumbrón para engrosar los bolsillos de contratistas vinculados al gobierno, tenemos ya bastante. Dirigir la inversión hacia sectores que generen más y mejores empleos, agropecuaria, apoyo a los emprendedores con préstamos blandos y asesoría legal y administrativa, turismo, desarrollando otras opciones a las ya existentes, como turismo rural, de aventura, deportivo y nuevas ofertas de alquiler temporal de habitaciones y casas de particulares en el interior del país para democratizar el negocio y sus beneficios no solo queden en manos de grandes inversionistas y turoperadores como ocurre hoy;

- Prestar mayor atención a la diáspora dominicana (alrededor de dos millones de personas), mejorando y abaratando los servicios que están llamados a ofrecerles los consulados y las embajadas, así como potenciando aún más su aporte al desarrollo del país. Esto requiere no solo verlos como la vaca lechera que suelta remesas (única fuente de ingreso democrático que tiene el país por su contenido distributivo entre los sectores humildes, ya que las dos otras grandes fuentes de ingresos, turismo y zonas francas, solo nos deja salarios de miserias, aunque lógicamente es mejor que nada), sino también ofrecerles en el país buenas oportunidades de negocios, atreves de un banco de proyectos de inversiones, con garantía estatal, donde puedan rentabilizar sus ahorros y al mismo tiempo contribuir a la creación de empleos;

- Resolver el problema de la seguridad ciudadana, con una profunda reforma de la Policía Nacional, idealmente, su disolución y reemplazo por un cuerpo policial bien entrenado, bien pagado y bien supervisado por otros organismos de seguridad del Estado para cortar de raíz cualquier mala hierba que aparezca en sus filas;

- Reformar las Fuerzas Armadas, reforzando su papel de vigilar eficazmente nuestras fronteras terrestre y marítimas, así como nuestro espacio aéreo para hacer frente a los dos grandes desafíos a la seguridad nacional: el narcotráfico y el tráfico ilegal de bienes y personas;

- Una verdadera reforma constitucional, que entre otras necesarias modificaciones, introduzca la figura del plebiscito para que jamás pueda ser modificada al antojo de los políticos. Reservar esa prerrogativa a la voluntad del pueblo.

Estas necesarias reformas le quedan muy grande a un joven político que acaba de entrar al escenario presentándose como el mesías que salvará la nación del desorden reinante, ellas requieren del concurso de los hombres y mujeres más capaces, más decididos y mejor intencionados del país. Y los tenemos, es cuestión de llevarlos al poder. No creo que pueda ser de golpe, pero sí poco a poco, comenzando por la puerta que se abre en mayo 2020.