OTEANDO
“El camino de los amantes”

Emerson Soriano
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https://www.diariolibre.com/binrepository/547x410/0c47/546d350/none/10904/HSVQ/3_14371879_20200717101058.jpgDecía Mario Be­nedetti que “ la última mo­rada no está en el campo­santo, sino en el corazón de los que aman al ser que ha parti­do”, después de ese descanso en la escalera llamado muerte.

Te conocí frente a las ofici­nas de mercadeo de “La Taba­calera”. Corría y terminaba la década de los setenta cuando ocurrió. Nunca nadie nos pre­sentó, quizás porque tu eras ya una celebridad a quien alcan­cé escuchar años atrás –des­de fuera del local, junto a ami­gos de la adolescencia– en una presentación artística en mi provincia natal, Dajabón, por cuya entrada se pagaban cin­cuenta centavos, y aunque los tenia, no obtuve el permiso de mis padres para asistir.

Recuerdo fue en un salón del Liceo Secundario del pue­blo, que otrora se construyó para local del partido de Tru­jillo (Partido Dominicano). La primera canción que inter­pretaste fue “El camino de los amantes”. Era la que esperaba tu público –el que estaba den­tro y el que estaba fuera– y los aplausos no se hicieron espe­rar. Desde entonces quedó ta­tuada en mi memoria y la lle­vé en mis serenatas de pueblo, con sabor a Rocío y olor de nostalgias, donde el sol devol­vía a la realidad a los ebrios de amor, soñadores de la víspera. Desde entonces, y hasta hoy, la he cantado y hasta llega­mos a cantarla juntos, con Ne­lo López, en los tertulias donde compartimos trabajos de pro­moción y publicidad.

Tampoco falta, y es la pri­mera que interpreto, en mis noches de encuentro fraterno con amigos como Joe Alba al piano y José Ovalles, tu amigo de años universitarios. Ella es patrimonio de todos, como lo fuiste y serás tú que hoy cam­bias de plano. Por eso nadie tu­vo que presentarnos, repito, el primer día que nos topamos en un pasillo, donde yo exclamé: “dime doble V” y tú atinaste a contestar “dime Émerson”, así mismo como lo escribo, resal­tando, aún más, ese esfuerzo fonético de esdrújula castella­na. Así mismo como nos segui­mos saludando por siempre y nos saludamos la última vez, hará unos dos meses, en el an­tedespacho de un amigo en Palacio. Ahora que te vas, con la armadura que te proveyó la vida, hecha de la sencillez y dulce sonrisa que siempre pro­digaste a todos, te despido “do­ble V”, te despido Víctor Víc­tor, ve en paz amigo mío, ve en paz, a desandar “El camino de los amantes”.