Otra carta a mi Padre.

Menguadas las palabras para decirle lo importante de su figura en mi vida.

Por: Sócrates David Peña Cabral

https://www.notisurbani.com/images/Socrates_David_Pena_Cabral_foto_mas_reciente.jpgTranscurre una nueva fecha para celebrar el día del Padre, se escurre el mes de julio y la luz infinita sobre la humanidad aquí llega. Siempre triste rememorar cuando usted se fue en aquel agosto. 27 años pasan de aquella hora fúnebre, pero mi respeto filial, admiración y amor, acrecentado está en la perspectiva del tiempo e inmortal su nombre en mi corazón.

Tal y como lo comprendió siempre, aún después de usted, el sol continúa subiendo a su barca de nubes rojas y se marcha cada tarde para recorrer otros mudos. Ocurre igual que cuando vivía en este entorno espacial, pues el silencio se apodera del indeciso color de la hora que precede al crepúsculo y en algunos días, un casco de luna quiere salir entre el celaje de la humedad. Es la fiesta del poniente que se presenta distinta entre estaciones.

No hay dudas de que ahora, todos los días, se debate el mundo entre el pánico y la ilusión, entre el temor y el optimismo. Los tiempos, no es imagen de lo mejor. En definitiva, llega siempre la noche, continua en giro la tierra y el sol regresa cada mañana para volver y partir, cada vez otra vez. Usted reconocía que así sería y repitió mucho, somos viento que pasa y se desvanece, mirar qué se hicieron los tesoros de otros, y cómo no llevaron más que una mortaja, con la muerte, muladar podrido, manjar de gusanos, polvo y ceniza. Eso somos y seremos. Por ello hay que buscar aprecio del cielo.

Agradecido por todo consejo, por su esfuerzo.

socrates david carta a su padreLe comento, que el sol ha proyectado últimamente sombras débiles, el cielo ha amontonando nubes pesadas, la atmósfera se nota tormentosa y la luz sorda. Sin dudas que la pesadez del cielo refleja en un contrapunto simbólico los sentimientos de estos días, tan abrumadores, que desagarran. Está la tierra cabizbaja.

He tratado de hacer mi mejor esfuerzo. Empujo, pero las cosas no son como pensaba, no resultan como en aquellos tiempos en que proyectábamos conforme a líneas de sacrificios y a voluntad. Muchos acontecimientos concurren en el devenir. Para estas fechas, creo que los entornos son muy distintos y muy poco parecidos para cuando usted se marchó, pienso que hoy es más convulso y fratricida el mundo.

Le recuerdo cada instante por su cariño infinito, sus preocupaciones, por tanta atención, por su abrazo fuerte y porque siempre me dijo las cosas como se deben decir, francas, abiertas. Yo solo le agradezco, pues lo señalaba usted con precisa y

contundente exigencia, hay que actuar en la vida como hombres y no como sombras, porque en éstas últimas se gestan cosas innombrables y miserables, allí se urden las celadas y por ello debemos permanecer en la luz.

Siempre admiré su actitud decidida, el sin tapujos, sacrificio e ímpetu para ejecutar las cosas que entendía propicias, su sinceridad de expresión y el culto a la amistad. Su amor a toda su familia.

Hoy, ya conozco porque algunos entienden la franqueza como descaro, pues no resisten ser desnudados en sus comportamientos infames, llenos de simulacros.

Padre, muchos confundían tu palabra irreductible, el gesto fuerte, porque no comprendían que desechabas lo insidioso. Te comprendo tanto. Lo he vivido, por eso hago guerra con mis versos ocultos, y luego me acerco al santísimo procurando la paz y orando por todos. Es allí el lugar donde recuerdo ‘Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre... en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar. ‘El hijo sabio ama la instrucción, el arrogante no escucha la reprensión. La obediencia a los padres cesa con la emancipación de los hijos, pero no el respeto que les es debido, el cual permanece para siempre. Dios quiso que, después de Él, honrásemos a nuestros padres.

Extraño esas llamadas de atención, su voz de acero, que más que regaño servía para insuflar ánimo y despejar temores. Padre, en medio de los tiempos en que vivimos, he seguido algunas formas para educar a mis hijos, pues entendías que era vital educar con la inobjetable lógica del ejemplo. Les repito que cada individuo que cruza por la calle resulta en definitiva una cátedra de vida, de equívocos y virtudes, observándolos se aprende.

Fuiste exigente contigo y mucho más a la hora de instalar en tu altar personal algunos nombres. Debo decirle, no tuvo yerros en apreciaciones. Aquellos que veneró y aún permanecen en esta tierra, se mantienen incólumes y los demás, hacen cosas peores que las de antes y otros representan verdadera barbaridad social.

Creías en la existencia de Dios y comprendo ahora más tu interés, esa invitación para alimentar en el corazón los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyo, pues mas allá de un mero cumplimiento y exigencia moral, el compromiso cristiano abre nuestros horizontes a la caridad, al mismo tiempo nos traza un orden en el que el amor a Dios tiene prioridad efectiva sobre todas las demás cosas.

Por momentos me surge risa de retozo al recordarle, ya que si en un tiempo usted se fue complicando la vida de tanto afán critico, creo que en esta época estuviera discutiendo y literalmente peleando en cada esquina. Admiro esa destreza exhibida, su vehemencia, su intuición para adelantarse a determinados acontecimientos. La verdad, eso me falta. No herede o no aprendí algunas cosas. Pero voy poco a poco, quizás mis hijos memoricen más, aunque he tenido la dicha incuestionable de la misericordia de Dios.

Usted fue un hombre plural, con las lógicas e inevitables debilidades humanas. Errores cometió, pero importante fue como en ocasiones logró identificarlos y admitirlos, rectificar el rumbo y lo más importante, contar las cosas y expresarse ante sus hijos sin ocultamientos pretendiendo con ello romper círculos equivocados, no convenientes, y es que por eso hoy puedo descifrar mejor algunas cosas y admirarle. Le reconozco porque usted tenía un alto concepto de la trascendencia, el mostrar mejores ejemplos para que la descendencia y el porvenir, individual y social, resultasen superiores.

Conocí de usted, construir sobre la realidad y encender la bondad como el fuego. Me hizo adversario del malvado, de la petulancia y muro frenético de cualquier injusticia, pues firmeza, honradez y responsabilidad está inscrito en nuestro escudo familiar, pero sobre todo y también, me hizo ver la caridad del mundo, el amor y preocupación inmensurable de un padre y la siempre posibilidad de la alegría.

Siento que percibió y muy claro, que la vida no marcha hacia atrás y no se mueve con el ayer, que como el poema de Khalil Gibrán, sabía que los padres sois los arcos con los que vuestros hijos/ como flechas vivientes son lanzados a la vida. A una mejor vida, a un mundo más viable, hacedero, posible y menos sufrible.

En mi alma, en la de sus hijos, queda la llama de su personalidad y la actitud que mostró en la vida nimban de luz nuestra frente, permaneciendo irrevocable el pacto que fue establecido, para que permanecieran intactos los valores enseñados en la escuela del hogar, crisol y fragua del carácter, de la manera en que nosotros, como individuos, quedamos compelidos en manifestarnos dignos y útiles, bajo el entendido de que todo hombre necesita algo de los demás y eso es respeto, pero que sólo respetan al que saber jugar su destino sobre la carta única de su dignidad.

Sus dictados están en mi corazón, sobre todo ahora que el mundo parece llevar un cartel que dice, no hay dignidad, no hay bondad, no hay decoro, no hay respeto, ni fidelidad de ninguna índole. Prefiero seguir suscribiendo el credo de responsabilidad y respeto que me enseño, de entrega al trabajo, a la familia, amar los supremos valores para desechar la claudicación que en estos ciclos acecha como una posibilidad tentadora.

Debo decirle que, cuando me hacen falta fuerzas, miro su rostro en aquella foto que permanece en mi habitación, observo su mirada firme, esa que ha permanecido petrificada en esa imagen tan alentadora y recuerdo entonces que la vida es lucha incesante, lo que me hace continuar con las propuestas que fluyen de mi interior para cambiar el escenario de las frustraciones.

Atravieso la página de este día sin la angustia de su partida, más bien la miro envuelta en una hermosa promesa de encontrarme con usted algún día, cuando se produzca en mí la desintegración de la materia y pueda justificar frente al señor Dios que tuve sentido al vivir, en el instante que deba encontrarme con él, en mi día más preciso, en aquel sin retorica, cuando verdaderamente pueda desnudar completamente mi alma, iniciando una danza en trayecto al juicio, hora de cuenta en que la ha de pedir Dios a todos los hombres de sus vidas.

Te amo padre. He pedido en muchas noches que hayas subido resplandeciente por el aire, que luego de haber estado delante de aquel senado de cielos y tierra, y ángeles y hombres estar a la mira oyendo tus cargos y descargos, y tú esperando la final sentencia, sin apelación, súplica, ni réplica, puesto estés en indescriptible paz, al lado derecho de Cristo, mereciendo vivir eternamente con él en el cielo.

Padre, mi respeto filial. Con todo mi corazón

Sócrates David

Julio. 2020