“Pedro Henríquez Ureña es el autor dominicano de mayor significado”

Categoría: Culturales Publicado: Sábado, 01 Octubre 2016 Escrito por Jorge Mejia

Miguel de Mena, editor y crítico literario
“Pedro Henríquez Ureña es el autor dominicano de mayor significado”

ARGÉNIDA ROMERO
http://www.diariolibre.com/documents/10157/0/693x394/0c12/693d370/none/10904/XADU/image_content_7288529_20161001174731.jpgSANTO DOMINGO. Pedro Henríquez Ureña, el humanista. Henríquez Ureña, el intelectual. Pedro, el hijo de Salomé Ureña, el exiliado, el extranjero. Su obra, dispersa durante el periplo de su vida, encontró un puerto en el dedicado trabajo de compilación que por diez años realizó Miguel de Mena, editor y crítico, y cuyos catorce tomos podemos encontrar en la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2016 que finaliza este domingo.

Mena, otro dominicano de la llamada diáspora, vive en desde 1990. Nos recibió una tarde calurosa en su casa materna del barrio San Carlos, en el Distrito Nacional. Reservado a la hora de planteársele la entrevista, habla de manera pausada pero entusiasta sobre lo que más saber: libros.

Sentado bajo un detalle del cuadro “El jardín de las delicias”, de Bosco, y que se ha convertido en el sello de su editorial Cielonaranja, que por más de 30 años ha rescatado a muchos escritores olvidados del canón literario dominicano, De Mena conversa.

Miguel, ¿recuerdas tu primer contacto con la obra de Pedro Henríquez Ureña?

Fue a principio de los años 80, aquellos diez tomos publicados por Juan Jacobo de Lara, que fueron apareciendo durante cuatro años. Toda una delicia.

¿Por qué decidiste recopilar y editar la obra de Pedro Henríquez Ureña? ¿Cuándo empezaste a hacerlo?

Cuando trabajaba en el Instituto Iberoamericano de Berlín, me di cuenta de que la compilación de las “Obras” que conocía no solamente estaba bastante incompleta, sino que eran deficientes. Cuando luego hubo el segundo intento de publicación, que en sentido general resultó ser una mala fotocopia de lo hecho por De Lara, me dije: tengo que hacer ese trabajo. Y comencé espontáneamente, por mi cuenta, es decir, sin ningún tipo de apoyo económico, gracias a la generosidad de una larga red de amigos que se extendía por algunos países donde vivió Henríquez Ureña: Argentina, Cuba, España.

¿Cuánto tiempo tomaste en recopilar su obra? ¿Cómo fue el trabajo de edición y curaduría?

En total trabajé unos diez años. El trabajo era bastante intenso porque me di cuenta que Pedro Henríquez Ureña publicaba sus textos en diversos medios y con mucha frecuencia los corregía. Así que buscaba las diferentes versiones de sus escritos, comparaba, anotaba qué había corregido o agregado, porque debía presentar el corpus más extenso de su pensamiento.

Hubo inconvenientes con la primera edición de esta compilación con el Ministerio de Cultura, ¿fue un asunto de criterios dispares en la edición o un tema de desacuerdos durante el proceso?

Fíjate, te decía que comencé el proceso de compilación por mi cuenta. Cuando llevaba seis volúmenes compilados, entonces le vendí un juego a José Rafael Lantigua, entonces Ministro de Cultura, quien desde mis inicios siempre ha comprado todos los libros que edito y quien también los había comentado en su histórica sección de “Biblioteca”. Lantigua me ofrece un apoyo financiero para acabar con el proyecto.

Como nunca falta un pelo en el sancocho, en cierta área de Cultura no sólo me encontré con un pelo sino con toda una peluca, empleados que se resisten y que tratan de complicarte la vida.

El “inconveniente” fue que gracias a tanto bombardeo, en la edición de los primeros siete tomos se colaron muchas erratas, y entonces tuvimos que retrasar todo el proyecto: limpiar aquellos primero siete tomos y luego corregir a fondo los siguientes. El resultado llegó a feliz término el año pasado, en el 2015. Es decir, a veces hay finales felices en el área de Cultura.

¿Qué relevancia tiene la obra de Henríquez Ureña hoy en día?

Pedro Henríquez Ureña es el autor dominicano de mayor significado, con una dimensión iberoamericano, tanto por su obra como por su magisterio en México, los Estados Unidos y Argentina. Ahora se está dando un gran proceso de recuperación de su pensamiento. Se han escrito una serie de tesis sobre él en Chile, Argentina, México y España. De eso da cuenta la colección “Archivos” que estoy dirigiendo en Ediciones Cielonaranja, donde ya contamos con seis volúmenes que recoge esas aproximaciones a su pensamiento.

¿Por qué cree que la obra y trabajo intelectual de Pedro Henríquez Ureña es tan poco conocido en República Dominicana?

Una cosa es conocer y otra realmente valorar. Pedro Henríquez Ureña es el autor más “conocido” de nuestro país, porque está en la papeleta de 500 pesos y hay cantidad de espacios e instituciones que tienen su nombre.

El problema es que no se lo lee ni en la secundaria ni mucho menos en la universidad. Hay académicos muy valiosos, como la profesora María Virtudes Núñez Fidalgo, que trató durante mucho tiempo de lanzar una Cátedra Pedro Henríquez Ureña en la UASD (Universidad Autónoma de Santo Domingo), pero que también fue devastada por la “mediocracia” universitaria. Imagínate.

Si tuviera a un joven delante de usted que mostrará interés por Henríquez Ureña, ¿qué primer texto de Pedro le diría que leyera?

En primer lugar, su texto “Patria de la justicia”, que es para mí lo que mejor sintetiza su pensamiento. Es un pequeño ensayo que se debería poner en las escuelas y discutirse, porque eso es justamente lo que necesitamos: un amplio principio de justicia social en nuestra muy endeble democracia cotidiana.

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