Cuando todo esto pase...

Categoría: Opinion Publicado: Martes, 14 Abril 2020 Escrito por Jorge Mejia

Cuando todo esto pase

Por: Carlos Segura

https://www.notisurbani.com/images/Carlos_Segura_escritor_foto.JPGCuando todo esto pase, les propongo un pequeño ejercicio. Salgamos a la calle para hacer una larga caminata, comencemos mirando los rostros de gentes que pasan sin importar quiénes son, de dónde vienen ni para dónde van, pero mirémoslos como hermanos, fijémonos en el anciano que con pasos lentos camina cargando sobre sus espaldas el peso de sus años, en la señora pasada de kilos que jadeando nos pasa por el lado, en la joven mujer que alegre pasa con su hijito agarrado de la mano, en la chica que nos deslumbra con la belleza de su silueta, en el niño que raudo rueda en su bicicleta, en el perro que alegre y dócil se pasea con su amo, en el gato que en una ventana cualquiera, concentrado en su prolongado aseo facial, se lame insistentemente una de sus paticas.

Sigamos caminado, si encontramos un pequeño parque, entremos para tomar un descanso, sentémonos en un banco a mirar a los niños que juegan y corretean alegres, disfrutemos un rato de la brisa que acaricia nuestros rostros; luego, escuchemos los sonidos del entorno, el susurro de los árboles, el canto de los pájaros; si en la cima de un árbol alcanzamos a ver un pajarillo, observemos la gracia con que se desplaza de ramo a ramo; fijémonos en sus alucinantes colores y ágiles movimientos. Cuando parta el pajarillo, observemos la perfección de su vuelo. Nos queda todavía el árbol por el examinar, fijémonos en sus pies, tronco y brazos, como sus raíces se abrazan a la tierra, la robustez de su tronco, la diversidad de sus ramos y sus multiformes hojas.

Descansados ya, continuemos la marcha, observemos nuestra respiración (inspirar y espirar), el latir de nuestro corazón, el sonido de nuestras tripas, el sincronizado movimiento de nuestras extremidades, la adhesión de nuestros pies al suelo. En fin, toda la mecánica de nuestro cuerpo. Luego, pensemos en la inconmensurable potencia de esa maravilla de la creación que es nuestro cerebro, su vinculación con nuestros sentidos y su maravilloso mundo de la memoria y la imaginación.

El cerebro, sí, esa pequeña maza de apenas más o menos kilo y medio, encierra toda la fortuna de este mundo. Según el doctor Grey Walter, uno de los más grandes neuro fisiólogos británicos, cualquier tentativa dirigida a realizar un mecanismo electrónico parecido al cerebro humano, costaría 3,000 000 000, 000 000 000 000, esta suma equivale a 10 millones de veces el presupuesto de los Estados Unidos, y el mecanismo que se obtendría jamás alcanzaría la perfección de nuestro cerebro.

Como podemos ver, este mundo está lleno de cosas extraordinariamente bellas e inmensamente grandiosas, que tenemos tanto frente a nuestras narices como dentro de nosotros mismos, que el infernal tren de vida a que nos ha sometido este mundo globalizado no nos permite observar, apreciar, disfrutar. Un tren de vida vacío, carente de sustancia, que de global tan solo tiene flujo de información, circulación de capitales, bienes, servicios y un movimiento de personas tan restringido que ha convertido el Mar Mediterráneo en un gigantesco cementerio, donde yacen los restos de decenas de miles de hambrientos y desesperados que huyen del hambre, la guerra y la demencial inequidad e iniquidad que él encierra.

Para más desgracia, paralelamente a esta globalización han proliferado como la peste mezquinos individualismos y egoísmos, absurdos nacionalismos y demenciales populismos. Por demás, este modelo carece por completo de una consciencia planetaria, del entendimiento de que un problema sanitario en cualquier lugar que se produzca no es un problema local, nacional, sino un problema global, porque la humanidad es toda una misma familia, que para asegurar su supervivencia en el planeta debe cultivar lazos de amor, solidaridad y armonía consigo misma y con su entorno, respetando y conservando los ecosistemas, la diversidad biológica, la tierra, el agua, la atmósfera.

¿Para qué tanto afán de riqueza si ya solo con nuestro cerebro tenemos una inmensa fortuna? ¿Para qué vivir llenos de cachureros inservibles que circulan de un lado a otro del planeta contaminado con su transporte la tierra, los mares y el aire indispensable para nuestras vidas? ¿Para qué consumir manzanas importas de Chile y brócolis de California sin detenernos a pensar todo el veneno que los barcos y aviones que los transportan arrojan en el mar y la atmosfera?

Seamos simples y racionales, utilicemos esa maravilla de la creación que es nuestro cerebro, podemos alimentarnos perfectamente con frutas y verduras provenientes del pequeño productor de al lado, igualmente podemos continuar nuestras vidas prescindiendo de la enorme cantidad de cachureros inservibles que nos rodean, hacer un uso más moderado y racional de los medios de transporte, realizando una gran parte de nuestros desplazamientos a pie o en bicicleta y, sobre todo, aprendamos a ser solidarios, a ver en cada rostro a un hermano y a la tierra como la casa de todos, que debemos respetar, cuidar, limpiar, para asegurar nuestra supervivencia y la de las demás especies.

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