DAGOBERTO, NUESTRA CULTURA AMBULANTE

•José Mercader

https://scontent.fhex4-2.fna.fbcdn.net/v/t1.0-9/118292237_2732420877001917_6467969532254083197_o.jpg?_nc_cat=107&_nc_sid=730e14&_nc_eui2=AeGqYDB5GJp-75nEqEf_c4BrZk89fSL4NQVmTz19Ivg1BZIFcn1uh1duZGz8UQ94pDn1WYZnkQWMwf_2a2IAlCen&_nc_ohc=t5SwXT51oPMAX9FVzex&_nc_oc=AQnDt9gyaeXjETMN9HJSbTuJS05rxGuoyCtl1lhY-vmoWa2Aecyhpws6Nkj4g6x0IUs&_nc_ht=scontent.fhex4-2.fna&oh=f6068774bd1f59b67a8d668ce2c9b2fa&oe=5F6C8818Dagoberto Tejeda, o simplemente Dago para los amigos que lo queremos, admiramos y también “maldito tíguere”, es, sin quizás, el dominicano más representativo de nuestra cultura, de nuestra dominicanidad, aunque no esté en el libro Guinness. No porque sea descendiente directo de Guacanagarix ni de Lembá y puede ser que de ambos, sino por sus conocimientos y el trabajo de rescate de nuestros valores profundos y orígenes.

Los orígenes de Dago están en el sur, en el Baní de los mejores mangos de la Bolita del Mundo y más allá y donde se sigue sembrando hielo, aunque no repolle. Del mismo Baní de los chuimeros hasta que llegó a la capital en bicicleta.https://scontent.fhex4-1.fna.fbcdn.net/v/t1.0-9/118625687_2732421213668550_6964608076488577868_n.jpg?_nc_cat=102&_nc_sid=730e14&_nc_eui2=AeGc-Gs6Pm8MMXq3T2XUvuGmwajvXrTaBYHBqO9etNoFgc8TJ6WeGRzljkOgWGd9I4Niadridb8VN7MDfr5dtOkl&_nc_ohc=YR6OvXAcoycAX-IO_ze&_nc_ht=scontent.fhex4-1.fna&oh=7e3237393bd8939442ff7fc79b2677c8&oe=5F6D12AB

Lo conocí en la UASD en el 1976 con un camisón blanco manga corta, sin botones como los que usaba Amaury Villalba y ahora yo de copión, pantalón yin, una cartera de cuero como la de Frank Almánzar, chancletas, fondos de botella para sus ojos, pelo a lo Doug Clifford el batería de Creedence Clearwater Revival, aunque no muy alto, corpulento con una barriga de luchador.
Dago, más que profesor de sociología, era un luchador de cualquier causa que fuera buena, fuese iniciada por la CGT, el MCI, la ADP, o la ACCG (Asociación de Chulos contra Balaguer), los muchachones del sindicato portuario, o los jodones de la UASD, menos con los PACOREDO.

No dudó Dago en militar en la izquierda, que era lo mismo que militar en lo justo y no necesariamente entender a Marx y a Engels cosa que nunca se pudo por falta de cultura por lo que hubo que ir en auxilio a buscar a la Martita chilena que tenía el don de la enseñanza, el don de la traducción de textos imposibles al “castechano” comprensible.https://scontent.fhex4-2.fna.fbcdn.net/v/t1.0-9/118340007_2732421477001857_9036132778839506723_o.jpg?_nc_cat=109&_nc_sid=730e14&_nc_eui2=AeHhAEfUqqKsYoU5Q_pmkw_F_C35zXladFL8LfnNeVp0UsFHJQy3kkBgMLnFtQme5Ujtf2xieJeRD-ooqxF8gsXM&_nc_ohc=1JiAqtXq5AoAX_AZyW0&_nc_ht=scontent.fhex4-2.fna&oh=dd92e9eff0cc9cd155d51c709ff05bd3&oe=5F6CDEF1
Y Dago, en cierta manera, era de esa misma escuela pedagógica para hablar de clases sociales y orgullo de nuestra sangre africana, lo que lo llevó a escarbar esos ritmos, esos vocablos desperdigados en nuestra geografía llena de gente buena, cambrones y cabrones.

De esa inquietud surge el Grupo Convite, que no pretendía competir con los Rolling Stones y menos con Julio Iglesia. El interés era puramente musical, artístico, folklórico, y pa’ joder la paciencia. En medio de la turbulencia que vivía el país que duró más de doce años de terror.

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La lección de la importancia de la cultura, como arma para la paz y la armonía social, no la aprendió ni la izquierda ni la derecha en esos 7 días de alegre rebeldía. La izquierda siguió y sigue alejada de todo lo que es arte, música, pintura, baile, teatro, hablándole clicheses que el desierto ni oye ni entiende, aunque, eso sí, siguen al pie del patíbulo. La derecha, fuera y en el poder, se ocupó de engrandecer su gran feudo llamado “mi bolsillo” y se olvidó de la cultura, del libro (que las ferias han sido puros mamotretos), del canto a tal punto que derivó en las más vulgares expresiones que superan las primarias bachatas con su filosofía de amargue y misoginia (odio a la mujer).

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La sabiduría de este “maldito tíguere” desborda los libros que ha escrito sobre todas las vainas de nuestro folklore, de nuestra idiosincrasia y antropología lúdica. Es Dago un apasionado de nuestro carnaval cuyo guion ha narrado en muchísimas conferencias como maestro que es.https://scontent.fhex4-1.fna.fbcdn.net/v/t1.0-9/118523812_2732421257001879_4856837589453309765_o.jpg?_nc_cat=104&_nc_sid=730e14&_nc_eui2=AeH5sTF33dMB9LYoxpj3hcOwBRUy4Dlw5xcFFTLgOXDnFw9WQ5qPnG_wbFTmI-QEk6sp1sJ35X7VcgFK_y8IVCy2&_nc_ohc=5uIbCwc5DcYAX_BaNPo&_nc_ht=scontent.fhex4-1.fna&oh=5240e8c9bc89af3b1a8fd5ae2e125829&oe=5F6B72E2

Cuando a Dago le dieron el cargo del Instituto del Folklore, un local que quedaba en el muelle de Santa Bárbara, frente a la planta eléctrica o de apagones, se organizó su pequeño museo. Si lo comparamos con lo que se ha hecho en La Vega, este no era más que un pírrico “tente ahí” y chimichurri que escapaba a los recursos que le asignaron. Lo que iba y lo que va es hacer un museo como se debe y que sea parte de un plan de turismo. Con todas las limitantes y con la ayuda de Cadillo, Dago no ha parado de trabajar en sus investigaciones y en la divulgación de nuestra cultura.

La formación, trayectoria y entrega a este, su país, le ha dado todos los elementos como para que cualquier gobierno lo pusiera a la cabeza del Ministerio de Cultura, aparte de ser un amante ciego del arte en general, cosa que ninguno de los ministros ha tenido como cualidad. Agrego a Freddy Ginebra, que además es enllave de Dios Todopoderoso, en esa lista imposibilitada por la politiquería.

¿Qué le impidió a Dago ser Ministro de Cultura? Tres colas:

1. No ser militante y limpia saco de ningún partido, condición sine qua non para que lo peguen, aunque no pegue.
2. Su discurso africano del que las élites de este país no quieren saber. Somos negros “pero no como los haitianos” y menos africanos y en el fondo seguimos orgullosos de la “Madre Patria” por el cuento de la aparición de la Virgen en el Santo Cerro y el endiosamiento a Colón.
3. Por saber mucho, lo que es un gran obstáculo para ocupar cargos, desde que levantamos la consigna “¡viva el ñamerismo!”.

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A pesar de todo y bajo amenazas, lo nombraron como asesor del carnaval, una entidad no oficial y con funcionamiento medalaganárico y sin cuartos, igualito que en Brasil. Ahí ha estado Dago con grilletes como los esclavos que el defiende como si fuera Montesino.

Dagoberto Tejeda ha dedicado toda su vida a este paisito que se comporta con ingratitud de la que se quejaba Máximo Gómez, su compueblano al final de la guerra de Independencia de Cuba. Una ingratitud que se manifiesta en el mismo desconocimiento de nuestros valores, de nuestros artistas, pintores, poetas, escritores, cantantes, músicos que arrastran una vejez en la miseria, pero con la vista aún capaz de ver pensiones enormes e inmerecidas de funcionarituchos que a todo vapor, y antes que se instale un nuevo gobierno, hacen los vergonzosos amarres de un premio que no les corresponde, con sus cortinas de humo incluidas.

Como podemos ver, o leer, Dago no necesita defensores, que más que hacerlo pretenden, bajo su sombra o por ósmosis, proteger sus propias botellas de varios litros a precio de marcos alemanes.

Sí hay que mencionar junto a Dago a los que lo han acompañado como una sombra amiga: Roldán con sus ritmos anacaónicos; Mariano Hernández con su ojo de camaléon; el Juanpa más carnavalero que abogado; Ángel Matos más que amigo, Cadillo, un Sancho Panza incondicional… ¡ah! y el Komfu (Comité de Fusilamiento).
Bien hicieron en reponerlo. ¡Carajo!