Reacción Victoriosa. BATALLA DE LA ESTRELLETA

17 de septiembre del 1845.

Por: Sócrates David Peña Cabral

https://www.notisurbani.com/images/Socrates_David_Pena_Cabral_foto_mas_reciente.jpgLos combates librados en el 1844 no pusieron fin al estado de guerra existente entre República Dominicana y Haití, pero igual permanecían encendidas las hogueras del joven heroísmo y la juventud nacional mostraba con su actitud las verdaderas insignias del honor.

Las contiendas siguieron en 1845. Durante los primeros meses continuaron los combates y las escaramuzas en la frontera de Hincha, Las Caobas, Comendador, Cachimán y las Matas de Farfán. Estos puestos militares cambiaron de manos varias veces. El Crnl. Remigio del Castillo, los capitanes Dionisio Reyes, Mariano del Castillo e Ignacio de la Cueba, eran los jefes de compañías en la zona. Víctor Poil era el general haitiano que ocupaba las Caobas. Los dominicanos tomaron y perdieron, en diversas ocasiones ese poblado.

En julio 6, una división haitiana a las órdenes del Gral. Morissete tomó posesión de Los Corozos. El 22 de julio en cachimán, los corolenes Sandoval, Pérez y Domínguez resistieron un ataque formidable dado por fuerzas haitianas mandadas por el Gral. Lambert Dechamps, pero debieron abandonar los dominicanos sus atrincheramientos al día siguiente.

Los combates continuaron y los nacionales se ven forzados a retirarse hasta las Matas de Farfán, debiendo abandonar también esa ciudad, y luego, el ejército dominicano queda obligado ir en marcha rápida a San Juan de la Maguana. El Gral. Haitiano Morisette se queda en las Matas, reorganizando su ejército y en espera de refuerzos para proseguir su cadena de triunfos e ir tras otros desalojos. Era evidente, que para el 1845 estaba muy en pie el pensamiento expansionista de los haitianos y su criterio de indivisibilidad permanecía.

Luego de la muerte del Presidente Haitiano Guerrier, asume Jean Louis Pierrot y éste, inmediatamente invita a los habitantes de la parte Este a reincorporarse a la bandera haitiana, declarando que ¨no renunciaría jamás a la indivisibilidad del territorio haitiano¨. Para esos días, la situación política en Haití era tensa, Pierrot a poco tiempo de asumir, recibió en Puerto Príncipe los detalles de una nueva trama de los rivieristas para ejecutar un golpe de Estado militar en su contra. De inmediato, el 24 de julio de 1845, el gobierno haitiano declaró fuera de la ley a los conspiradores, y decretó la pena de muerte para el líder más visible, Bélus Ledoux, y prisión para los demás implicados. Para esa fecha, el 24 de julio, Morisette y sus tropas, estaban bien plantadas en Las Matas de Farfán.

Al verse descubiertos, varios de estos Rivieristas, se escondieron de las autoridades y, desde la clandestinidad, aumentaron sus esfuerzos por derrocar el gobierno de Pierrot. Esas fuerzas estuvieron más en atención a la situación interna de su país, que a la guerra que se libraba contra República Dominicana. Pero Pierrot cifraba grandes esperanzas en asumir control total y decidió dirigir una ofensiva general contra el territorio dominicano, por el norte y por el sur. Es así, que ante el avance de Morisette, envía refuerzos militares para quebrar la resistencia dominicana. Los anuncios de avance haitiano llega al Estado Mayor Dominicano y todos están claros que sobreviene una invasión contundente.

Duverge, se sitúa en las márgenes del rio Yaque del sur para preparar la contraofensiva en impedir que el enemigo logre sus objetivos. En cada regimiento del ejército nacional, nuestra bandera estaba al viento y ningún dominicano quería más una noche sin la separación. Claramente resueltos, los batallones de Baní y San Cristobal, comandados por el teniente coronel Nolasco Brea, se incorporan a las tropas de Duverge para entrar en combate y expulsar al tropel invasor. Mientras tanto, José María Cabral, para entonces, tt. Crnel, se enfrentaba con los haitianos en los Jobos y más que combate frontal, lo hacía como forma de producir desorden y bajas en las filas haitianas.

El parte oficial, de julio del 1845, del Gral. De división Antonio Duverge, Comandante en jefe del ejército de operaciones del Sur, sería de expresión trascendente y afirmaba que obtendríamos la victoria. ¨ Nuestras victorias parecerán exageradas a los que se obstinan en desconocer las causas que influyen en ellas, pero yo me atrevo a señalar como causa natural de nuestros triunfos, la diferencia que existe entre un pueblo invadido, que bajo la protección del cielo combate por reivindicar sus derechos, altamente ultrajados, y un enemigo que ciego por la codicia, acomete sin reparo alguno a los que nada le han hecho, sino sustraerse de su ignominioso yugo. Nuestros soldados se disputan , llenos de patriotismo, el honor de combatir por una Patria en que ve cifrado el porvenir de sus descendientes; mientras que los infelices soldados haitianos, con bayonetas, son arrancados de sus hogares, y se les hace marchar en busca de una muerte segura, que ciertamente no merecen ellos, sino cuatro ambiciosos que, por sus miras particulares, encuentran en la escandalosa invasión a la Republica Dominicana un medio espurreo para satisfacer sus pasiones¨…¨pero que no se alucinen, porque no lograran de su temeraria empresa otro resultado, que el doloroso escarmiento de nuestro incontrastable valor.¨.

Mientras José María Cabral cumplía con su rol, los Grales. Antonio Duverge y José Joaquin Puello, cada uno por su lado, marchaban hacía la sabana de Santome, tierra indiscutible de la patria, tratando de ubicar un punto de encuentro e intercambiando en el trayecto mensajes que guardaban la estrategia de los cercanos combates.

El 16 de septiembre del 1845, las huestes invasoras llegan al rio Mata-yaya y toman posiciones en las alturas sobre los campos de la sabana de la Estrelleta con intenciones de impedir la unión de las dos divisiones que conformaban la tropa nacional en el Sur.

Las fuerzas haitianas establecen un plan para cortar el paso de José Joaquín Puello y evitar que se produzca una acción conjunta con el grueso de las tropas dominicanas acantonadas en el glorioso Sur. Ante la situación y aún cuando probablemente colocaba en peligro la estrategia de encuentro que había planificado o sugerido el general Duverge, el valor espartano del general José Joaquín Puello le impidió a éste seguir las voces de la razón y aceptó el reto que le plantean las hordas haitianas comandadas por Morisette.

En el amanecer del día 17 de septiembre del 1845, el ejército haitiano ocupa los cerros que merodean la sabana de la Estrelleta. José Joaquín Puello y los valerosos soldados que le acompañaban, sabían que era una nueva hora para demostrar los signos del honor, todo por la patria. Con fidelidad inmaculada a los supremos intereses de la nación, José Joaquín Puello se aprestó al combate y con valentía innombrable marchó sobre las posiciones del enemigo, con pura conciencia de la importancia de la victoria y con plena confianza en sus coroneles Valentín Alcántara y Bernardino Pérez. A pesar de que los haitianos tenían la ventaja por su alta posición, por un mayor número de soldados y una artillería pesada, los dominicanos se lanzaron desafiantes sobre el invasor.

Fue en la mañana, a las 8, cuando inició la lucha. La sabana de la Estrelleta se convertía en escenario de sangre y fuego, era allí donde nueva vez estaba la prueba de la decisión de ser libres y manifestación inequívoca de mantener la integridad de las fronteras.

Desde que el primer soldado dominicano avisto una bandera distinta a la dominicana produjo el gesto que provoco avalancha de combate y las vanguardias de cada ejercito entraron en acción. La artillería desde arriba era mortal y los militares haitianos confiaban en ellas. Sobre la sabana caían los primeros cuerpos y con más ganas la batería emplazada arremetía contra los dominicanos. Sin embargo, ni el fuego, ni el choque de muerte, ni el tropiezo con los cuerpos tendidos de compañeros patriotas, pudo acobardar a la tropa libertadora y se precipitaron con salvaje empuje contra los puntos y líneas donde se encontraban los haitianos y sus armas de cañón.

Es entonces cuando se logra el combate cuerpo a cuerpo y el arma blanca sustituye la artillería. En las manos de la libertad, vestida de paño azul dominicano, aparece el machete nacional y logra producir terribles estragos en el enemigo. La confrontación continúa, aullidos feroces del guerrero nacional se escuchan y una inmensa vocería de la turba haitiana, que de espanto llena queda ante la respuesta del batallador dominicano.

Dos horas duró la batalla, conforme lo cuenta la historia y el éxito de la acción correspondió a la legión gloriosa dominicana comandada por José Joaquín Puello. La batalla de la Estrelleta tiene de notable el haber sido la única en que se formo el cuadro para rechazar a punta de bayoneta un rudo ataque de artillería. El denuedo, la ferocidad, la violencia suicida, el alud arrollador en el ataque, la estrategia de armas del general en jefe y sobre todo los gestos de osadía, intrepidez, coraje, de los soldados dominicanos, convirtieron la sabana de Estrelleta en campo inmortal e hicieron nacer una de las más grandes gestas libertadoras de la patria, haciendo retroceder al invasor, ¨con torvo ceño y ojo rencoroso¨. Los haitianos huyeron al fuerte de Cachiman y nuestra bandera fue enarbolada sin temor en nuestros límites.

El 17 de septiembre del 1845 los dominicanos demostraron que no eran un dócil instrumento y que su reacción ante el ataque siempre sería una, la que conduce a la victoria.

Fue la Estrelleta campal batalla, donde cada soldado nuestro dispuesto llegó a su vida dar por el bien de la patria y que en altivos guerreros convertíos quedaron. Allí, en el estruendo del conflicto, surgió nueva vez ornada con túnica de flores la bandera nacional y se impuso la tropa dominicana para señorear por todo el sur la dignidad nacional.

VIVA ETERNA REPUBLICA DOMINICANA!

Posdata:

José Joaquín Puello, General. Tú fuiste rémora del bastardo servilismo, hundiste al invasor en la derrota, en el abismo. Con la acción peligrosa y fecunda detuviste el avance de quien pretendía obtener ganancia, pero General, luego te maltrato la codicia, la negra maldad y el despotismo, por eso recuerdo la Estrelleta y a la vez quiero rescatarte del olvido, porque infunde tu hazaña, orgullo, amor, patriotismo.

Luego de la estrelleta, Puello fue designado Ministro de Interior y Policía, pero se inicio una caza militar y política con la que no estaba de acuerdo. Merced Marcano fue apoderado de instruir sumarias contra militares del ejército sur. Ya antes, cuando los trinitarios liderados por Duarte tomaron el control de la Junta Central Gubernativa, recibieron el apoyo de Puello. El 23 de diciembre de 1847, Santana dirigió el acto de fusilamiento de los hermanos próceres José Joaquín y Gabino Puello, acusados de encabezar una conspiración en su contra. El hecho produjo tanto disgusto que muchos

soldados pasaron a las filas del ejército haitiano, como Valentin Alcantará que incluso llegó a participar en las últimas campañas de la guerra dominico-haitiana bajo la bandera del vecino país, obteniendo el grado de general y enterrado con honores militares por el ejército haitiano.